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AMADEUS (Nuestra Crítica)




"Música para el alma"...


“Amadeus” se presenta como un éxito asegurado, esto no quiere decir que sus patrocinadores salieron a decirlo. Sino que uno, al ver todos sus elementos, desde la dirección hasta la parte más técnica, presume que ha de serlo.

Uno sabe que las comparaciones son odiosas, molestas y sí, esto es verdad, cada una de las creaciones artísticas tiene en su interior su razón de ser. “Amadeus” no es la excepción y cada uno de sus atisbos del pasado no son más que gloria y éxito. Digamos que originalmente está la pieza del autor británico; Peter Shaffer, quien tiene una extensa carrera como dramaturgo, siendo sus obras multipremiadas, y a la vez también varias de ellas fueron llevadas al cine, incluso esta.

¿Que decir de la versión única y personal del genial Milos Forman en el cine? Arrasando con los Oscars, para ser más exactos ocho, incluyendo los más importantes: Mejor película, director, actor (F. Murray Abraham, en el rol de Salieri), injustamente no lo ganó, Tom Hulce, que con su Mozart, realizara un interpretación sublime (una de las mejores que ví en cine), obviamente se llevó también la estatuilla su guionista, que por supuesto era el Sr. Shaffer (recomiendo su visión, es más habrá más de un espectador que querrá verla, y en mi opinión, ayuda mucho hacerlo antes).

También, difícil olvidar, el suceso teatral del año 1983, bajo la dirección de Cecilio Madanes y en los protagónicos: Carlos Muñoz y Oscar Martínez interpretando en aquella oportunidad a Mozart (me hubiese encantado poder verla, placer que más adelante pude cumplir a medias, viendo la película de 1984, ya que me lo permite la magia del cine eterno y me lo niega la actualidad del teatro).

2013, el teatro Metropolitan abre sus puertas totalmente renovado para esta obra, con una pareja protagónica de un gran nivel actoral, Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna, más allá de los resultados obtenidos por esta versión. Por supuesto que la profesionalidad y el histrionismo de uno de ellos en particular, hace que sean los personajes ideales para cada quien (estimo que para Oscar Martínez, habrá sido de gran ayuda y motivación, representar al otro personaje, en esta oportunidad). Hay un aspecto de la obra además de estos dos grandes actores, que hace que se eleve por encima de la media del resto y es el grupo de secundarios que están sobresalientes, en especial Gerardo Chendo, Verónica Pelaccini y Jorge Priano, como Venticello, Constance y el Emperador respectivamente, el trabajo en particular de Gerardo es de una perfección increíble, donde cada uno de sus gestos y posturas es de un detallismo impecable, e inclusive cada una de sus participaciones hace que pongamos la atención en él.

Rodrigo nos tiene acostumbrado a personajes muy personales y particulares, que el actor sabe llevar adelante y lo hace muy bien, uno al ver anteriormente representado a Mozart, duda en cuanto al tono elegido para abordarlo. Oscar tiene toda la presencia para representar a Salieri, años de oficio y por supuesto que el personaje le sale de taquito.
La profesionalidad y talento de ambos se hace presente en la escena final donde el duelo actoral y la fuerza interpretativa se eleva más allá del nombre de cada uno de ellos. La puesta hecha por otro gran director, muy requerido últimamente, Javier Daulte, reafirma su marca personal en el teatro.
La escenografía de Negrin, resalta la visión de este director formando en el escenario la silueta de un piano.

La pieza retrata la relación amor/odio de ambos personajes, donde Salieri siendo antes de la presencia de Mozart un gran compositor y preferido del Emperador José, siente una admiración profunda por el compositor y cierta envidia por sus creaciones.
A la vez defraudado por la personalidad del mismo, donde una vida desprendida lo llevara a una fosa común, sin siquiera en esos momentos poder obtener el prestigio que ganará en un futuro. Mozart es un claro ejemplo de los artistas que vivieron en épocas equivocadas, donde el genio que poseían solo sería justamente apreciado en el futuro, llegando a ser artistas devenidos en mito por su grandeza y virtuosismo. La pieza refleja claramente esta situación y a uno le cuesta entender el porque de su triste final siendo tan brillantes.

En los aspectos técnicos, la obra es magnifica, con un sonido cuadrafónico impecable y una iluminación perfecta, Pablo Abal y Albert Faura, respectivamente son los encargados. Como así también hay que remarcar el vestuario de una gran confesionista de vestuarios para opera, Mini Zuccheri.

En conclusión una obra sumamente interesante, donde un teatro parece haber sido reformado para ella, con un destacado director e intérpretes y una historia que trasciende toda época y que siempre es un placer volver a transitar.

GUSTAVO MARTÍN SCUDERI

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