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EL PROCESO CREATIVO: GENIALIDAD O CONSTANCIA




Artículo sobre la base de todo principio creativo


El teatro ha evolucionado incansablemente desde sus origenes y con él, claro está, la figura del actor, que se ha visto representada por diferentes modelos y ha cambiado de planteamientos según la fase histórica en que se estudie. Es importante recordar que el teatro nació como un rito litúrgico mediante el cual se celebraban hechos religiosos en represenaciones multitudinarias y cuya duración podía abarcar días y días enteros. Teniendo en cuenta la peculiaridad de su nacimiento, se puede imaginar cómo ha sufrido fluctuaciones constantes, tanto en el propio texto (o hilo argumental) como en aquellos que represenaban esta estructuras teatrales. El teatro, y por eso se considera un hecho artístico, se compone de muchos y complejos ingredientes, donde el actor es una pieza básica para que un proyecto alcance el éxito.

Si nos planteamos en qué consiste el proceso creativo actoral, espontáneamente surjen dos maneras de pensar que se alternan en la actualidad, dos vertientes de estudio que abren dos campos de trabajo a la hora de enfrentarser a dicho proceso; la dicotomía entre la biomecánica o el popular método Stanislavsky. La elección de una línea u otra debe apoyarse en la dinámica de trabajo que se adecúe más al actor y al espacio, intelectual o físico, donde se sienta más comodo.

La diferencia básica entre ambas líneas parte de las premisas en que se sustentan. En el caso de la biomecánica, el trabajo parte del estudio físico del actor en busca del personaje, investigando sobre una respuesta emocional a través de un entrenamiento corporal, con el fin de obtener respuestas internas que completen el arduo trabajo de composición de un personaje.
De otro lado nos encontramos con el método Stanislavsky, que estudia la recuperación y el desarrollo de la vida emocional del actor para utilizarla en la busca del personaje.

Como se puede deducir, el método de trabajo de ambas escuelas será muy distinto, aunque dichos planteamientos puden utilizarse de manera purista o desde un punto de vista híbrido, complementándose. El actor no es una máquina de reproducción, es un individuo consciente que debe disciplinarse para que la respuesta de su trabajo sea constante. Hay que tener en cuenta que en cualquier caso sin disciplina es imposible conseguir fruto alguno. En este aspecto el actor podría compararse con un atleta, que se prepara sin tregua para que su método de trabajo reponda al límite de su capacidad una vez llegado el momento de ponerlo en práctica. El actor es el atleta de lo físico y de lo emocional, puesto que implica una entrega íntegra del individuo.

Una vez elegida la línea de trabajo, el actor debe buscar referentes para componer física y mentalmente el personaje, analizando su comportamiento, su presente y su pasado, para dotarlo de coherencia y presencia física y emocional. Cuando el trabajo goza de linealida y lógica, el personaje deja de ser un un papel y se convierte en un individuo de carne y hueso, cuya verosimilitud es indiscutible.

Muchos se preguntan si una dosis de genialidad es necesaria para ser actor, además de seguir un método de formación. Simplemente hay que esforzarse por alejar los miedos que provocan bloqueos, dejando que fluya con libertad la capacidad creativa. Como recuerda Carlos Iniesta (responsable de gurpo de teatro sevillano Atalaya) en una de sus entrevistas y a través de palabras de Brecht “...en el éxito de un espectáculo, el 95 por ciento es trabajo y sólo el 5 por ciento talento. Y como nunca sabemos el talento que tenemos...”.


Silvia López-Ortega

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