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Nos habla de sus recuerdos “Grabados”


Fabián Vena


Finalmente pudimos concretar la charla con Fabián Vena.
Quién nos recibe en su camarín de la Ciudad Cultural Konex antes de presentar una nueva función de la obra “Grabado” la cual lo tiene como uno de los protagonistas y en la que trabaja por primera vez bajo la dirección de su mujer, Inés Estevez.
Compartió con nosotros sus comienzos en esta profesión y su pasión por el teatro.


-R.T: Bueno muchas gracias por hacerte este tiempo para charlar con nosotros.
La idea es hacer un poco un repaso por tu carrera basándonos principalmente en la parte teatral.
Contanos como fue que te iniciaste en esto de la actuación. ¿Cuándo decidiste dedicarte a esto? ¿Con quien te formaste?
-F.V: Bueno. Todo empezó en mi barrio, en Mataderos, y más que nada en mi colegio secundario, que lo hice en Floresta: en el Nacional 18….y gracias las malas compañías, como yo les digo. Aquellos que siempre están inquietos a la hora de una búsqueda personal, artística y de crecimiento.
Me gustaba estudiar, pero también dentro de la división había un grupo selecto con el cual teníamos muchas inquietudes artísticas. Íbamos a ver los espectáculos de “Les Luthiers”, los grabábamos y después los hacíamos en el colegio.
Veíamos conciertos, teatro y salíamos a curtir un poco el vasto mundo cultural de Buenos Aires. Y con 13, 15 años formamos un grupo que nos cobijó mucho.
Hacíamos espectáculos propios y eso fue como una entrada a lo que después terminó siendo mi profesión.
En Mataderos, por esa época se re abrieron los centros culturales y eso me permitió tener un acceso a un estudio en teatro, porque era demasiado chico como para moverme solo al centro que era donde en general estaban los otros lugares. Hoy está un poco más abierto eso.
Y me daba cuenta que en la medida que avanzaban las clases yo me sentía cada vez más cómodo.
Ahí entendí también que hay mucha gente que va estudiar teatro y no tiene porqué tener la necesidad de salir actor. El teatro es un ejercicio casi terapéutico. Estudiar teatro te ayuda mucho en tu aspecto personal. Vivir la sensación de representar a otros. Tener la capacidad de juego. Eso te ayuda mucho a desdramatizar cualquier acto de tu vida. Y te ayuda mucho a crecer emocionalmente y poder relacionarte con vos mismo y con los demás de una manera mucho mas sana. Eso es lo que te provoca el teatro, y el estudio del teatro.
Y más allá de eso que empezaba a sentir. Inconcientemente empezaba a darme cuenta que salía contento y bien. Pero me daba cuenta también que con el correr de las clases yo mejoraba y me salían las cosas más fácil. Y en función de eso dije “Voy a estudiarlo seriamente”
-R.T: Ya con idea de hacer de ésto un medio de vida
-F.V: A mi me gustaba mucho el estudio. Siempre me gustó estudiar. Me parecía ridículo llevarse alguna materia. Siempre estaba dentro de los buenos promedios, pero simplemente porque daban ganas de estudiar. Siempre fui muy metódico. De hecho, cuando tuve la posibilidad de ir a la universidad o de trabajar profesionalmente con la actuación, opté por la actuación. Pero fue muy frustrante para mí no seguir una carrera universitaria, porque me gustaba estudiar. Pero dije: vamos a hacer un estudio más profesional y ver si realmente sirvo para ésto.
El destino me llevó al teatro IFT, acá a pocas cuadras del Abasto, porque elegí un poco por necesidad y otro poco por intuición, estudiar en una escuela integral, donde estuviera aparte de las clases de actuación, el estudio de la voz y cierto manejo de tu cuerpo. Y darme posibilidades para pode empezar a trabajar rápidamente. Poder engancharme en alguna obra que me permitiera poner en práctica lo que estaba estudiando. Porque me daba la sensación que si yo sólo estudiaba y dejaba pasar el tiempo, no sabía si yo iba a servir o no a la hora de la práctica.
El destino me puso en el IFT con mi primer gran maestro que fue Enrique Laportilla, quien me ensañó la formula exacta de cómo funciona este trabajo. Y fue él quien me recomendó a la hora de hacer mi primera obra casi profesional, y con gente muy querida en el teatro independiente. Y ahí empecé. Tenía solo 17 años.
- R.T: Inicias tu carrera en el teatro, y después de varias obras llegas a la Televisión.
¿Cómo se da eso? ¿Cómo es ese cambio en tu carrera?
- F.V: Yo cuando empecé con esto del teatro no pensaba en la televisión. Sí después, ya haciendo televisión, me daba cuenta que cuando era chico miraba televisión y me gustaba (y quien no?!). Pero cuando arranqué a estudiar aborrecía la televisión. Porque cuando uno está en el mundo del teatro, poco importa la televisión y el cine. Más en esa etapa en que yo estaba en plena formación teatral. Lo único que hacía, era estudiar teatro, ver teatro. Y tuve la suerte que empecé a trabajar muy joven a los 18 años ya hacia tres obras. Dos infantiles, que corría de un lado al otro y una obra a la noche para adultos. Estaba muy metido en todo ese mundo.
Cuando empecé a querer vivir de la profesión, ahí si apareció la televisión como algo medianamente potable.
Cuando vi que con eso podía llegar a vivir de esta profesión y sin hacer otra cosa dije “Vamos a intentarlo”. Me tocó en la vida “Socorro, quinto año”, que no pudo haber sido un mejor debut para mí en la televisión, porque fue de la mano de Rodolfo Ledo, que fue mi primer gran maestro en el género. Y las raíces de todo lo que hoy sé de televisión, fueron aprendidas con él. Me dio mucha libertad, posibilidad de juego y la sensación que lejos de traicionar lo que yo había formado en mi oficio, podía acrecentarlo. Aprender a actuar en televisión. Y tenía 21 años.
Ahí empezó mi camino en la televisión y de ahí en más tuve mucha suerte, porque todos los programas que han aparecido en mi vida tuvieron que ver con que la profesión está puesta dentro de las cosas más importantes. El pasaje mío del teatro a la televisión siempre ha sido extraordinario. Y se retroalimentan, porque son dos maneras de actuar muy distintas pero que se complementan a la hora de uno tener un training.
- R.T: Da la sensación que siempre que haces televisión, haces también paralelamente algo en teatro. Excepto en este momento que solo haces teatro.
- F.V: Si. Vos tenés esa mirada, que es correcta, porque lo que siempre me ha pasado es que muy pocas veces he dejado de hacer teatro. He tenido una continuidad muy grande en teatro de manera tal que por ahí aparecía en programas de televisión, pero después desaparecía durante años. Ahora hace casi un año que no hago televisión. De hecho, a mi la continuidad me la da el teatro. No me la da ni la televisión, ni el cine. Son dos cosas que aparecen cuando tienen que aparecer en los proyectos adecuados. Pero mi búsqueda y mi recorrido son los de una continuidad teatral que es lo que realmente me provoca a mi una conexión real con mi vida y con mi oficio.
- R.T: Perfecto. Es justamente la parte de tu carrera que nos interesa especialmente. Ya que la página se dedica al teatro.
Hiciste una temporada teatral con Imanol Arias. Cómo fue tu relación con él en el tiempo que compartieron juntos.
- F.V: Es una de las personas que más atesoro dentro de mi familia artística. Porque uno en este camino también va formando una familia. Y Manu es una de las personas con las que más conexión he tenido. Nos adoramos, nos sentimos hermanados en muchas cosas. Y de echo siempre estamos muy atentos a como anda el otro.
Hemos tenido una experiencia muy fuerte en “Caligula” tanto artística como humanamente. El alejado de su patria y de su casa durante mucho tiempo haciendo una obra muy exigente. Es un tipo del cual yo aprendí muchísimas cosas porque estaba en una etapa de formación muy grande con 24, 25 años.
De él aprendí lo que es la generosidad arriba del escenario. Y siempre me ha cuidado, me ha protegido y me ha tratado como a un ser directo de sangre. Y son esas cosas que uno no olvida nunca, porque uno tiene que tratar de llegar a ser algo mínimamente semejante y nada parecido a lo contrario. Y ese tipo de ejemplo te permite saber de qué manera uno se puede manejar en este trabajo. Sobretodo humanamente, porque uno puede estar bien, mejor, más o menos, o genial en determinada obra. Pero humanamente es lo que más importa. Es de que manera vos compartiste un hecho artístico. Y uno de los grandes ejemplos de eso es Imanol Arias.
- R.T: En tu carrera teatral fue muy importante también tu participación en el ciclo “Teatro Nuestro” donde eras el más joven dentro de un grupo de grandes actores argentinos. ¿Qué recuerdos tenes de esa experiencia?
- F.V: Eso ha sido una bendición.
- R.T: ¿Cómo llegas a integrar ese grupo?
- F.V: Como siempre: llegué a los elencos grandes de actores argentinos, a la cola de las generaciones. Era un poco sapo de otro pozo. De hecho me han pasado muchos de los secretos y la mística de este trabajo.
En el caso de Teatro Nuestro, yo decía que trabajaba con los Rolling Stones.
Tenían tanto recorrido todos y tanta magia ofrecida, como para que su oficio brillara por si solo y que su humanidad se presentara para mi en camarines. Era algo cotidiano tener en un camarín a Pepe Soriano, Ulises Dumont, Juan Carlos Gené, compartiendo la antesala de lo que va a ser una función de teatro. Es un privilegio que muy pocos pueden tener. Y yo seguía siendo joven. Estaba Cipe Lincovsky, María Rosa Gallo, Lito Cruz, Alicia Zanka, Tito Cossa, Mauricio Kartun, Carlos Gorostiza, grandes autores y grandes directores.
Y yo llego ahí porque era la referencia de esa generación. Y muchos de ellos me han visto crecer. Tampoco sabían de qué lugar venía. Si bien yo tenía ya hechos algunos programas de televisión.
Sabían de mi formación y de mi búsqueda y a la hora de llamarme y compartir con ellos espectáculos ha sido para mí no sólo un privilegio sino una manera de aprender y agradecer la posibilidad de conocer cosas del oficio que son cosas que te quedan para siempre.
- R.T: Y que podés poner en práctica en momento en que te toca por ejemplo hacer una obra en el teatro San Martín y compartir el escenario con Alfredo Alcón.
Me acuerdo cuando te vi en “La resistible ascensión de Arturo Uí” que a la salida escuche un comentario de una persona del público que decía “Parece increíble con lo chiquito que es, que arriba del escenario sea tan grande”
- F.V: Si. Compartir con Alfredo que es el más grande de todos. Ese si que es grande de verdad. Arriba, abajo en cualquier parte.
El hecho de hacer la obra en la sala Martín Coronado con Alfredo fue un sueño que uno ni siquiera se imagina que le pueda llegar a suceder porque es demasiado grande como para que suceda. Porque cuando yo estaba en mis primeros años de teatro y tenía menos de 20 años, él iba a vernos. Siempre con la inteligencia y bondad justa a la hora de relacionarse con cada uno de nosotros, a los que él ni conocía. Pero él siempre en la obligación de darte una devolución o de hacerte saber que fue lo que le gustó. Y eso lo hace solo aquel que entiende cual es el sentido y la dirección de este oficio. Que es el de la constante búsqueda, el crecimiento, la generosidad, la responsabilidad, y del amor con el que hay que tratar a esto que hacemos. Y Alfredo es el mayor ejemplo de todo eso y es el mayor ejemplo de humildad en este trabajo. Porque para ser un actor en constante crecimiento tenés que tener una mirada casi fanática o budista del oficio y eso lleva mucho trabajo, porque entra la humildad, la responsabilidad, el cuidado que uno tiene con su cuerpo, con su voz, con su emocionalidad. Todo para que el instrumento que somos nosotros esté intacto, limpio y dispuesto ha provocar cosas en la gente. Y en ese sentido Alfredo es el principal ejemplo. Siempre te hace sentir que primero está la gente. Arriba y abajo del escenario. Son muchas cosas las que yo aprendí con él y muchas cosas técnicas que son imposibles de relatar en una entrevista. Pero que me han servido muchísimo y que me van a servir. Y de mi parte tener el agradecimiento al destino que me haya echo cruzar con este señor. Y estoy convencido de que tengo su cariño. Y me guardo personalmente grandes regalos que me ha hecho en todo nuestro hermoso encuentro que hemos tenido en “Las variaciones Goldberg”
- R.T: Tu presente teatral es “Grabado”. Contame un poco cómo llega esta obra a tu vida. Tengo entendido que vos no la buscaste sino que alguien te la ofrece.
- F.V: Si. Me ofrece la obra Fabián Stratas, que es el productor de la obra
- R.T: El te ofrece la obra y vos la sugerís a Inés como directora. ¿Cómo fue que terminaron los dos involucrados en este proyecto?
- F.V: No. Se dieron una serie de casualidades que a veces terminan en éxito, como en este caso, y otras veces terminan en nada. Justamente como vos decís, Fabián Stratas me dice: ¿Querés ver tal película, que es una obra de teatro y yo tengo los derechos?. Lo agendo y trato de verla en algún momento.
Buscando material para hacer algo con algún amigo, mi mujer Inés, me dice: Vos tendrías que hacer tal obra, que está en película, pero me parece que es una obra de teatro. Y yo abro los ojos enormemente y le digo: ¡Me lo acaban de ofrecer!
Ahí fue un llamado de atención muy grande y dije: no espero más. Voy a verla. La alquilo y me parece súper interesante. Lo llamo por teléfono a Stratas para preguntarle en que situación estaba como para ver si le podía presentar algún tipo de proyecto. Y me dio unos días para que yo le presentara alguna idea. Fue ahí cuando surge la idea de que Inés sea la directora. Porque ella siempre fantaseó a la hora de dirigir que esa era una obra que podía llegar a dirigir porque la sentía cómoda como para empezar. Se dieron demasiadas cosas a la vez como para no darle importancia y avanzamos sobre el proyecto. Se agregó Gustavo Schraier que es un productor artístico muy importante que trabajo en el Teatro San Martín y terminamos de conformar las patas de la mesa.
El equipo artístico armado por la directora.
Los chicos del elenco Guillermo Pfening y Carolina Tejeda que son dos personas excelentes y dos actores con un potencial artístico notable.
El diseño de luces de Gonzalo Córdova un tipo con más de 20 años de trabajo.
Coca Oderigo con la escenografía. Mónica Toschi que hizo el diseño de vestuario. Bobby Flores desparramando su talento innato a la hora de contar con música cosas que no se pueden decir con ningún otro arte. Y el Konex que nos da una cabida especial para el espectáculo.
- R.T: ¿De qué trata la obra?
- F.V: Es un espectáculo con alto nivel de comedia que pude dar rápido paso a situaciones dramáticas interesantes y lo suficientemente intrincadas. Está tan bien construida que te permite salir de una situación grave con una mirada muy positiva.
El espectáculo tiene un brillo, una frescura y una inteligencia muy contundente.
Es una comedia donde la gente sabe que hay lecturas constantemente que le permiten ahondar mucho en lo que es el texto verdaderamente. Más allá del humor que tiene aparecen temas como el prejuicio y la violencia contenida
- R.T: ¿Cómo fue la búsqueda en el momento la elaboración de Vicente, el personaje que interpretás en “Grabado”?
-F.V: Siempre las búsquedas son interesantes. Todo lo que implica meterte en un rol que no tenes idea de lo que puede llegar a ser y como va a terminar.
Es una sensación de vértigo angustiante que se termina transformando en una flor.
Empieza a tomar vida alguien que tal vez esté muy lejos de lo que puede llegar a ser uno. O muy en lo profundo de lo que uno puede llegar a ser. O es
- R.T: Pero en algún lado está.
- F.V: Si. Está. Y este personaje cualquiera que lo haga lo puede llegar a hacer de mil maneras distintas depende de la personalidad de cada actor y eso es lo interesante.
De una tinta metida en un papel en treinta páginas sacar un personaje construido con su personalidad, su inteligencia, su manera de vestir, su manera de andar, de hablar, y de relacionarse. De tal forma que todos los que están en la platea sepan que conocen a alguien parecido o se vean reflejados. Y eso siempre es muy mágico porque termina siendo una creación tuya. La actuación es un poco como los instrumentos de viento que todos parecen que suenan iguales, pero todos tienen un sonido diferente
Y Vicente es un personaje entrañable que tiene el nivel de inteligencia de una persona de 11 o 12 años. Cumpliendo casi 35, 36.y eso lo hace muy rico. Lo hace espontáneo, rápido, muy lleno de luz, es inmaduro, intolerante. Un tipo que prioriza la verdad sobre las buenas apariencias y que maneja la inteligencia y el humor. Por otro lado decís: “No se lo presento a mi madre ni como novio, ni como amigo, ni como nada. Porque es peligroso”. Es un personaje muy querible y muy piola para interpretar.
A la hora de construir un personaje a mi me gusta llenarme de información. Para mi todo el proceso de ensayos es apabullante porque no existe nada que no sea ese personaje. Ensayas muchas horas. Te dormís con el personaje, pensás todo el tiempo. Y hasta que no sale no podes vivir. Y todo lo que aparece por alrededor en esa época lo mando al personaje. Así me apareció la inspiración del genial Ariel “Burrito” Ortega. Cuando me doy cuenta que mi personaje es un ser lleno de talento y muy sensible, pero no comprendido por una estructura de rol de poder.
Peo la gran formula de la explosión de este personaje es la mirada de la directora.
Ella me llevo por un camino muy inteligente, de alta profundidad y de seriedad a la hora de construir un personaje cómico.
Yo hubiese encarado algo totalmente distinto y hubiera estado muy mal. Porque es muy fácil caer en la tentación de este personaje. Querer hacer el chiste, hacerse el gracioso.
Sin embargo la mirada y el camino que me propone la directora es todo lo contrario. Un camino de humanidad, de dolor, donde emocionalmente el tipo está herido por algo que pasó en el pasado y pone en marcha un funcionamiento que te lleva a que veas a alguien con cierta inocencia y a la vez con cierta verdad. Por eso todo lo que la gente se ria en la platea cuanto estoy tirando esos textos cuanto más sufriente lo sienta esos textos yo y cuanto más dolor le ponga a esos textos la misión está mejor cumplida.
Es una comedia atípica. Porque vengo de un dramón como fue “La Duda” y quería hacer comedia y me encuentro con esta comedia que hace reír, pero a mi no me hace reír
- R.T: ¿Qué sentís que le falta a tu carrera? ¿Qué te falta interpretar? Como dijiste recién que querías hacer comedia. Después de esto que te gustaría hacer. ¿Tenes algo en mente?
- F.V: La verdad que no lo se. Cada tanto siempre está bueno encontrarte con algún texto clásico que te permita encontrarte con un espejo y ver lo limitado que realmente uno es. Y hacer un ejercicio extremo de humildad y educación para alcanzar la nota de textos grandes. Está bueno tratar de alcanzar esas notas. Siempre uno tiene que hacer eso para tantear que handicap uno va teniendo y en donde está parado. Y eso te lo dan los grandes textos. De todas maneras he hecho obras contemporáneas y tan bien construidas como “La Duda” que me ha permitido hacer más de 300 funciones y de la que podrá haber echo 300 más. Cuando los textos son buenos de verdad uno tiene un recorrido maravilloso.
Y me gustaría más trabajar con gente que tener la posibilidad de hacer obras. No imagino tanto personajes para hacer como colegas para disfrutar.
Y tener la posibilidad de que aparezcan obras con registros y con géneros y con personajes siempre bien distintos y complementarios a los que he hecho. Porque eso es lo que me permite a mi seguir creciendo, darle un sentido a esta profesión. Algo tan básico como cambiar de roles y hacer cosas que uno nunca va a hacer y tampoco haría.
Y sobre todo, siento como grandes hitos en mi carrera han llegado de sorpresa. Por eso me parece que darle cabida a la sorpresa y al destino es lo que más vale en lugar de todo esto que te dije antes (Risas)

Luego de haber compartido una extensa media hora de charla con Fabián, nos despedimos con la promesa de reencuentro a los pocos días de realizada esta nota para asistir al festejo de las primeras 50 representaciones de “Grabado”

Natalia Peñaloza



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