Si alguna vez los invitan a la casa de Matías, no se olviden que su living está representado por lo que sería la pesadilla de cualquier diseñador de interiores. Allí, podrán tomarse una copa de vino sentados en un “inodoro”, o tal vez tendrán más ganas de fumar un cigarrillo descansando en un “bidet”.
Este living tan fuera de lo común responde al deseo del dueño de casa por revivir sus épocas de estudiante secundario, para lo cual Matías no solo se ha comprado el mismísimo baño de su escuela, sino que además ha decidido reunirse allí con dos de sus excompañeros, Leandra y Pablo.
Cuando llega el momento de la reunión, nadie sigue siendo el mismo de antes, pero todos parecen tener temas pendientes que empiezan a recordar por medio de un juego que les sirve para la provocación.
Aunque Pablo está involucrado sentimentalmente con Lala, una mujer encerrada en su mundo y que disfruta de su juventud, la soledad que sienten el resto de los personajes en el “baño” está presente en el ambiente de forma alarmante.
No caben dudas que Matías y Leandra siguen conectados de distintas maneras a Pablo. Es más, podría decirse que estamos frente a un triángulo amoroso compuesto por “cuatro personas”. En la cima: el objeto de deseo, en una de las puntas: quien no puede, ni podrá tenerlo y en la otra: el pasado de quien lo tuvo y el presente de quien lo tiene. ¿Será irrelevante el hecho de que todos podrían salir perdiendo?
“Porque todo sucedió en el baño”, escrita y dirigida por Lautaro Perotti, es una historia de incógnitas con situaciones que el público construye dejando volar su imaginación.
FACUNDO ESPÓSITO
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