El mundo teatral de Buenos Aires, trasciende mucho más allá de la famosa calle Corrientes. Hay un mundo de producciones que quizás no tienen tanta publicidad, tanta espectacularidad en las puestas, pero sí el mismo talento, las mismas ilusiones de sus artistas, y lo mejor de todo: abren el abanico de géneros, temas, autores, estilos, y directores.
La compañía estable “Teatro Argentino de Cámara - Teatro El Convento” tiene trece años de existencia. Con obras de autores clásicos, que han sido muchas veces declaradas de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación, se han presentado tanto en Argentina, como en Chile y España; y oportunamente fueron también invitados a Francia y Estados Unidos.
Funciona en el edificio del Convento Grande de San Ramón Nonato, Orden Mercedaria. Este edificio, insertado en el corazón de la “city” porteña, data del año 1601, es monumento histórico y por sus claustros pasó gran parte de la historia argentina. Esto, sumado al trabajo en cámara, es decir, con pocos elementos escenográficos; dio como resultado la creación del nombre que hoy los identifica.
Su tarea y aporte al teatro local, ha sido galardonada con los premios más importantes de la actividad teatral argentina, como son el Florencio Sanchez, Maria Guerrero y Trinidad Guevara.
RedTeatral tiene el honor de contribuir a la divulgación de su trabajo, en esta nota que nos brindan recorriendo parte de su historia, evolución y forma de trabajo.
- ¿Cómo surge el grupo?
- Nuestra compañía se formó ante la necesidad de un grupo de actores de fundar una compañía de teatro estable que pueda construir un camino que lleve a la creación escénica donde el texto, la puesta en escena y la actuación alcancen un equilibrio constante. Ese camino es muy difícil en grupos que se establecen de manera circunstancial. Por eso nuestro objetivo era crear una compañía estable, que manejara un repertorio y que estuviera en constante formación
- ¿Cómo surge la elección de representar solo autores no contemporáneos?
- Al establecernos como compañía estable hicimos la elección de representar el teatro que parte desde la época medieval y llega hasta la aparición del realismo. Las enormes posibilidades que dan los textos clásicos, las exigencias constantes que hacen a los actores, más los fundamentos que queríamos sostener contra viento y marea, hicieron que nos volcáramos por esa elección. Si pensamos en esos fundamentos volvemos a renovar nuestro compromiso: revalorar el texto dramático, la palabra, nuestro idioma; en una época en que todo se sintetiza, inclusive la mayoría de los textos de las obras teatrales contemporáneas. Hacer accesibles al público obras muy conocidas como así también otras que están en la oscuridad; formar actores que puedan trabajar con textos clásicos, ya que es notorio el vacío que hoy existe en este punto en nuestro país. Buscar la raíz de nuestro arte y afrontar el desafío que significa presentar obras escritas hace siglos a una audiencia acostumbrada al cine, la televisión o a internet. Y por último, llenar un lugar vacante que existe en nuestro medio, ya que es común encontrar compañías dedicadas al teatro clásico en América del Norte y en Europa, no así en Argentina.
- La Compañía ha encarado distintos textos dramáticos de autores clásicos. ¿Tienen alguna metodología de trabajo especial a la hora de abordar un nuevo proyecto?
- Cada proyecto necesita de nuevas estrategias de trabajo que no se instalen en una idea cerrada, pues eso aprisiona el espíritu creador. El arte puede ser definido de muchas maneras, pero es esencialmente libertad. El teatro clásico pareciera estar circunscripto a la palabra, por la preeminencia que tiene el texto, y esto, en cierta forma es real, pero está lejos de ser un ancla que inmovilice. Todo lo contrario. Desde luego que hay que tener un amplio acercamiento al texto para sentirlo cercano a nuestra sensibilidad. Pero una obra del teatro clásico es inabarcable, por lo tanto, es imperioso definir el camino que queremos transitar con ella. Siempre comenzamos desde el texto, porque es ahí donde está la idea que vamos a trabajar. A veces la búsqueda es más física, otras, más intelectual. El hecho de ser una compañía estable tiene la enorme ventaja de compartir códigos, pero también, esos códigos nos pueden llevar a la institucionalización del trabajo. No queremos metodologías de trabajo, porque con cada proyecto tenemos que empezar de cero, y por lo general, lo anteriormente hecho no nos sirve de referencia. El teatro debe ser una de las pocas artes donde todas las metodologías son válidas; pero sólo una, y por única vez, será la que nos lleve a la conclusión de un trabajo.
- ¿Existe preferencias de autores al momento de elegir un nuevo proyecto?
- Shakespeare y Molière son los autores que hemos representado en más oportunidades. Pero la forma de elección está dentro de los postulados del grupo. Queremos exponer a la consideración del público nuestro acercamiento a autores fundamentales, como así también, a autores no muy conocidos, y que igualmente forman parte de esos períodos. Inclusive la búsqueda no se detiene en autores teatrales, sino que se expande a autores no teatrales que supieron retratar al hombre de su época de tal manera que hoy nos sirven para reflejar al hombre de nuestro tiempo. Nuestro espectáculo Testamentos está basado en textos de Françoise Villon, que no era dramaturgo. La elección de una obra siempre está reflejando el tiempo que nos toca vivir.
- ¿El trabajo de adaptación, tiene en algún momento como referente a realidad contemporánea, política y social que se puede vivir por ejemplo en la Argentina?
- En nuestro caso, la adaptación de un texto responde siempre a los criterios de la puesta en escena. No buscamos contextualizarlo a nuestra realidad, ya que eso aparece de manera inequívoca. No es posible representar textos que hablan de un momento determinado, con nombres determinados, que hacen a la historia de un país determinado, sin que aparezcan múltiples niveles de lectura. De manera consciente o inconsciente, la elección de una obra siempre refleja la época que nos toca vivir, porque ese es el factor determinante de nuestras producciones. Más aún, esa es para nosotros la esencia del teatro clásico: renacer.
- ¿Cuánta libertad tiene un actor de la compañía al momento de construir su personaje?...¿Ese personaje “cambia” a medida que avanzan las presentaciones?
- Siempre hay evolución en escena. No se puede comparar los ensayos con las funciones. Hay algo que dan las funciones que no se encuentra en ninguna otra parte y alimenta constantemente al actor y al personaje. Sin embargo, nuestra forma de trabajar consiste en mantener en pie al personaje que construimos en los ensayos, porque el personaje forma parte de una puesta, no es independiente, imposible que lo sea. Nuestra tarea consiste en ir adaptando los descubrimientos que hacemos en cada función a la partitura escénica. Podríamos decir que nuestro trabajo se parece mucho al ballet. Lo arriesgado se hace en los ensayos, si se hace después hemos realizado un mal trabajo.
Además siempre están las cuestiones técnicas que hay que entrenar como cualquier arte o deporte. Pero también está la manera particular de entrenar las exigencias puntuales de cada puesta. No es lo mismo Tirso de Molina que Shakespeare o Molière. Los versos pueden ser un punto infranqueable para un actor si no conoce su estructura, la métrica. Tampoco es posible que realice determinados trucos escénicos si no conoce la técnica de un movimiento. Cada propuesta nos lleva a trabajar las herramientas que un actor posee y tratar de ampliar sus recursos.
- La Compañía ha realizado giras tanto por el país como por el exterior…¿Hay alguna experiencia o anécdota que recuerden de manera especial?
- Cuando llegamos a Madrid, en el 2004, nos encontramos con un país convulsionado. Llegamos a las 11 de la mañana del 11 de marzo, día en que estallaron las bombas en la estación de Atocha. Tuvimos que representar el sábado siguiente al atentado nuestra obra “La daga y el ángel” que habla de la censura, el exilio y la intolerancia. Ese sábado se habían suspendido los espectáculos en toda España, pero nosotros tuvimos que hacer la función igual debido al tiempo que íbamos a permanecer en Madrid. La función fue tan emocionante porque estábamos compartiendo con ellos un momento terrible, y nosotros, que veníamos de un país devastado, podíamos comprender perfectamente lo que estaban sintiendo. Después de la función nos unimos a las marchas que se suscitaron en todo Madrid, y por un momento esa vieja idea de un mundo sin fronteras se apoderó de nosotros. Fue una experiencia única que trastocó la visión que teníamos de nuestro propio trabajo.
- Por último ¿Cuáles son las posibilidades de abrir el abanico a otros autores y no quedar circunscriptos a los clásicos?
- Aún no está dicha la última palabra. Si bien hemos llevado a escena obras de nuestro director, Martín Barreiro, pensamos que no está tan lejana la idea de seguir construyendo nuestro discurso escénico con textos de autores contemporáneos. Por ahora tenemos solamente trece años de trabajo en conjunto. Hemos sufrido múltiples cambios desde que se formó la compañía y seguramente, seguirán sucediendo. Es inevitable. Hasta aquí los clásicos han respondido a nuestra búsqueda y sentimos que estamos llenando un vacío en el panorama teatral de nuestro país. Hay que pensar que luchamos contra todo: el país, la economía, la prensa, el público, el medio; pero también, con nosotros mismos, mantener una compañía en continua evolución sin anquilosarnos, encontrar un punto de acuerdo en lo ideológico sin disolvernos, redefinir constantemente lo que cada integrante quiere, desde aquel que espera hacer un teatro más “radical” hasta aquel que quiere aparecer en la tapa de una revista. Sin embargo todo es superable mientras lo que nos una sea la necesidad de estar sobre un escenario y tener algo que decir. ¿De quién serán esas palabras? El tiempo lo dirá. Lo fundamental para nosotros siguen siendo las ganas de estar juntos en una comunión ( u orgía) creativa. Podríamos parafrasear a Joseph Chaikin, fundador del Open Theater: “Quisiéramos cambiar nuestras vidas y la de todo el mundo. No sabemos como hacerlo. Por lo menos, si no la vida, sí el día, la noche, la hora, el minuto.” Creo que si logramos eso podremos darnos por satisfechos, al menos por ahora...
La Compañía Argentino de Cámara - Teatro El Convento, presenta actualmente las obras: “EL AVARO” de Moliere, los viernes a las 21 hs, y “MACBETH” de Shakespeare, los sábados a las 23 horas.
Próximamente, en el mes de Abril, se estrenará “HAMLET” también de William Shakespeare.
La dirección es Reconquista 269 – Ciudad de Buenos Aires
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