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YAMILA GUILLERMO Y GASTON EXEQUIEL SANCHEZ




RedTeatral dialogó con los protagonistas, nos cuentan sobre ese vínculo…


El espectáculo de danza de Yamila Guillermo y Gastón Exequiel Sanchez está inspirado en la literatura de la escritora, poeta y traductora Ana Arzoumanian, miembro de la International Association of Genocide Scholars.

EN diálogo con REDTEATRAL, los protagonistas cuentan sobre ese vínculo, el concepto del espectáculo y su mirada sobre la danza porteña en la actualidad.

-Redteatral:
¿Cuáles son las cuestiones que motorizan esta puesta?

-Gastón Exequiel Sanchez:
Con Ana nos conocimos hace como 8 años. Ella necesitaba dos bailarines para la presentación de uno de sus libros, en ese momento era Mar Negro. En el proceso de ensayos y encuentros, cafés y libros, tramamos una relación de mucho aprecio, una linda amistad. A partir ahí, con Yami intentamos encarar un proyecto juntos, pero no logramos concretar ninguno de los muchos que iniciamos. Mientras tanto, Ana seguía escribiendo y nosotros seguimos colaborando en la presentación de sus libros; para ese entonces Infieles. De alguna manera, éste es el resultado de todo eso: amistad, afecto, preguntas, incógnitas, miedos.
-Yamila Guillermo:
Fue un poco así, un encuentro casual a través de una amiga en común que nos presentó y enseguida los tres en los primeros encuentros sentimos algo poderoso, de otro orden.
Realizamos esta primer presentación y de ahí en más con Gastón creímos que por algún motivo esas ganas de trabajar juntos, que ya existían hacía tiempo, debía materializarse por medio de este encuentro, de esta triada. Algo de la literatura de Ana, de su abordaje a los materiales nos conmovía. Su vínculo con el arte nos reflejó de algún modo. Con Gasti hacía rato que buscábamos separadamente algo que nos sacuda y acá sentíamos que había material.
Fue un proceso largo, en un principio fue encontrar el “que” de toda esa narrativa nos hacía
mella. No queríamos representar lo que Ana decía o lo que los personajes de sus libros eran, queríamos tomar algo de la esencia, queríamos ir al núcleo de su escritura. Pero al mismo tiempo mezclarlo con nuestras propias inquietudes, gustos, deseos y porque no estructuras en relación al arte. Ese proceso duró casi 5 años entre idas, vueltas y abandonos. Fue casi como una historia de amor trunca por momentos pero que encontró su cauce. Creo que algo de todo esto circula en el trabajo, la poética de Ana, lo irruptivo, lo errático los gustos, el arte, el amor, lo ritual y nosotros Yamila y Gastón que nos seguimos preguntando en la escena como en aquel inicio.

-RT:
Que opinan de la escena porteña y la danza en general?

-G.E.S:
No tengo una opinión demasiada desarrollada de la escena porteña y menos aún de la danza en general. Partiendo de nuestra propia experiencia, nosotros desarrollamos una experiencia muy distinta con la escena porteña, incluida la danza. Yamila integra la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, por ende, responde a una dirección Estatal. Yo, por el contrario, desarrollo proyectos propios y de otros, sean independientes, oficiales, comerciales. Eso demuestra la diferencia que por algún motivo nos une.
Nunca viví en otro país y en Santa Fe no alcancé a desarrollarme como artista, entonces no tengo otra experiencia con los escenarios que no sea la de acá. Hace unos buenos años que vengo teniendo laburo y, por algún motivo, me va bien. O sea... me va bien... quiero decir... tengo laburo y estoy sorprendido de tenerlo con tanta continuidad. Tuve mucha suerte y estoy contento. Intento entender y desarrollar los motivos por los cuales me ubico acá, ahora; pero la verdad que no me es fácil reconocerlos, sobre todo desarrollarlos. Me gustaría contar con un equipo de trabajo que me acompañe mis procesos creativos y poder llevar a cabo proyectos de todo tipo. Escénicos, plásticos, literarios. El que me conoce, sabe que soy extremadamente inquieto, curioso y soy muy manija. Me detengo en esto, porque es algo que últimamente vengo dándole vueltas sin parar: la estabilidad. Lo laboral, el dinero, la comida, el alquiler, los gastos. El consumo. Como si viviera en el realismo capitalista -de Fischer. Quizás al mencionar esto, respondo acerca de un aspecto de la escena porteña. Sino... podemos pensar en un shopping, donde nosotros, los “artistas”, estamos vendiendo nuestras ideas para vestir el gusto de los compradores o espectadores de imágenes.
A pesar de eso, que se da como de manera natural, sospechosamente, yo, estoy contento de lo que la escena porteña me provee. Sin embargo, veo y reconozco el shopping donde solo ingresan algunas “marcas” y donde cada uno quiere ingresar rozagante con su producto nuevo. Por ese motivo es que, si en un par de años me vuelven a hacer esta pregunta, espero poder contestarla teniendo el ejemplo de otro país, de otros escenarios.
En cuanto a la danza, estoy un poco aburrido. Veo mucha precariedad de producción y una riqueza de recursos creativos. Si bien es una fórmula muy atractiva, de hecho en eso reside la fuerza creativa de esta región, y por ese motivo vienen a ver nuestra espectacu-pobrecidad; me gustaría que, además de esa posibilidad de encarar laburos que está a la mano, tengamos la opción de asumir proyectos más grandes, integrando así las dificultades y los beneficios de obras con mayor producción. En mi caso, proviene de las ganas que la danza o eso que llamamos danza sea vista por mucha gente, en escenarios voluminosos, con un teatro que colabore. Quisiera más confianza en la danza, que se produzcan espectáculos que llenen la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes o alguna sala importante y acaudalada de la ciudad. Pero la realidad es que hay una carencia importante de espectadores. Algo que no es nuevo y que desde ya tiene que ver con una costumbre cultural y, sin entender demasiado de la materia, me puedo imaginar que también tiene que ver con una decisión política. Por ese motivo es que crece tanto en los suburbios y poco en los escenarios acaudalados. Sin embargo el último Festival de Danza Contemporánea dio que hablar y eso va a dar sus frutos. Creo que hay una inmensa cantidad de talentos, pero una faltante de apoyo institucional por los organismos que dan visibilidad a las artes escénicas. Llámese Teatro Nacional Cervantes o Complejo Teatral de Buenos Aires.
-Y.G.:
Creo que hay cosas que no han cambiado y es que la producción de obras y de pensamiento para generar nuevas propuestas está intacta, es más se podría decir que es cada vez mayor y más rica. La danza se mueve, no para de generar y de pensarse. Lamentablemente no siento que haya espacio para albergar la cantidad de propuestas novedosas, creativas y de calidad que circulan en Buenos Aires. Cada vez se cierran más espacios donde pueden ser vistas. El que hace obra lógicamente no puede dejar de crear, siempre encuentra el recoveco donde seguir y eso me parece maravilloso. Pero creo que hay mucho cansancio tambien. Hay ganas, deseos y exigencias de crear en mejores condiciones, con mejores presupuestos para la producción de las obras, con espacios que nos cobijen. Sin ir más lejos nosotros tuvimos la suerte de contar con apoyo para nuestra obra, pero aun así todo es muy costoso y “hacer” es casi una misión titánica. En relación a la danza tengo la suerte de poder vivir de ella y me siento afortunada y agradecida. Del movimiento puedo decir dos cosas y es que no encuentro en mi otro modo más sincero de decir y que disfruto mucho de que sea incapturable. Eso me hace seguir en movimiento, la pienso, me pierdo, la estudio, la dejo ser. El movimiento es una incógnita hermosa para mí y me encanta que así sea.

-RT:
Qué vinculo tienen con la obra de Ana Arzoumanina y cómo se gestó la obra?

-G.E.S:
Muchas. Algunas las enumeramos en el vínculo con Ana y otras, que tienen que ver con el vínculo con su literatura; que para nosotros, fueron y son dos cosas distintas. De hecho, de ahí surgió el nombre, de la vinculación con su literatura. La notábamos muy solemne. Entonces nos empezamos a preguntar si nosotros no éramos solemnes. Qué había de solemnes en nosotros, en nuestros gustos, en nuestras maneras, en definitiva en nuestra relación. De ahí, nuestra relación: la de Yamila y Gastón. Una relación de muchos años que se originó con la danza, hace... 12 años, más o menos. De ahí en más, un sin-número de preguntas e incógnitas alrededor de la utilización del cuerpo en escena. Lo mismo con la escenografía, el vestuario, la luz, los tiempos, el spectador, el espacio donde sucede la performance... y el arte. El arte! Ay!
Que hermosura! Jajaj.
-Y.G:
Un poco como exprese arriba, el encuentro en primer lugar y las diferencias de criterios también. Con Gas tenemos formaciones, modos de hacer y pensar muy distintos y esas diferencias creo que son claves y se dejan ver en la obra. Las preguntas que circularon durante el proceso fueron los pilares que hoy se ven en el trabajo. Hacerla fue y es un descubrimiento cada vez, nos sigue devolviendo y cuestionando un montón de cosas impensadas. Nos motorizo la inquietud. Ana fue nuestro empuje para poder poner en el cuerpo esas contradicciones y gustos, el manto que nos cobija es su narrativa y ahí con esa contención somos más impunes y más libres en nuestra danza y en la poética que generamos.

Noticia completa:
En SOLEM se dan a luz escenarios tan lejanos como inmediatos, desde una libre asociación de los días posteriores al pecado original - aquel fatídico acontecimiento que germinaría la vergüenza sexual -hasta las actuales pinturas de Max Gómez Canle- un puñado de paisajes utópicos montados sobre la certeza de que es posible intentar una pintura nueva y anacrónica.

La relación es de dos sujetos en la piel de una escultura de Bernini y el recuerdo compulsivo de un Apolo cansado; una evocación a ese espectro de lo solemne que sin darnos cuenta hizo historia en nuestro cuerpo. Una relación, para muchos inadvertida, entre lo antiguo y aquello que con cierta ligereza consideramos como "nuevo"; una relación amorosa, una prótesis del tiempo.

Ficha técnico-artística:

Dirección en escena: Gastón Exequiel Sanchez y Yamila Guillermo
Asistente de dirección: Candela Rodríguez
Asistente técnico: Lautaro Almará
Música original: Alejandro Kauderer
Escenografía: Roberto Cigarrán y Esteban Etcheverry
Fotografía: Javier Sabaté
Colaboración artística: Federico Juan Rubí
Producción: Gastón Exequiel Sánchez y Marina D'Lucca







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