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locos por los musicales
Los Miserables

Los Miserables - MADRID

Los Miserables
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Los Miserables

Les misérables

Los Miserables 1993

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Pais: España
Ciudad: Madrid
Año: 1993
Teatro: NUEVO APOLO (Madrid-España)

Direccion

Letras

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Datos Generales

En la Prisión de Toulon, el presidiario número 24601, Jean Valjean, recibe su pasaporte amarillo de libertad condicional tras 19 años de presidio de manos del policía Javert. Por su condición de ex-convicto se ve obligado a llevar una existencia miserable apartada de la sociedad. Tras un turbio episodio en casa del Obispo de Digne, éste gana para bien el alma de Jean Valjean, quien a partir de entonces, y tras una delirante y desgarrada reflexión, se convertirá en un hombre nuevo.

Ocho años más tarde y muy lejos de Digne, en un pueblo llamado Montreuil-Sur-Mer, una joven madre soltera llamada Fantine trata de sacar adelante a su hijita Cosette, a quien ha dejado viviendo con unos mesoneros en Montfermeil. Para ello trabaja en una fábrica propiedad del alcalde. Cierto día, sale a la luz que mantiene escondida una niña y, dado que en numerosas ocasiones Fantine se ha negado a complacer los burdos deseos del capataz, es despedida de la fábrica quedándose en la calle sin dinero. Ve una salida vendiendo su pelo, un medallón y trabajando como prostituta, pero enferma irremediablemente. En una ocasión, agrede a un cliente que se había propasado con ella y acude el jefe de la policía, Javert, que ha sido destinado allí, con intención de encarcelarla. En ese momento aparece el alcalde, que no es otro que Jean Valjean reformado, y lo impide. Javert cree reconocer en él al preso 24601, del que no había vuelto a saberse nada y que está buscado por las autoridades por haber roto el pasaporte, y sus sospechas se confirman cuando Valjean confiesa su identidad para salvar a un hombre que iba a ser juzgado injustamente en su lugar. En su último día en Montreuil-Sur-Mer, le jura a la moribunda Fantine que recogerá y cuidará a su niñita y emprende la huida ocultándose de Javert. Una vez en Montfermeil, Valjean paga a los hipócritas mesoneros Thénardier por todos los gastos ocasionados y se lleva a la maltratada Cosette para iniciar otra nueva vida.

Diez años después, Valjean y Cosette viven en París, donde se está fraguando una revolución. Lamarque, el único político que defiende los derechos del pueblo, cae enfermo y muere. En ese momento se inicia la rebelión de la mano de los estudiantes, liderados por el apasionado Enjolras. Entre estos jóvenes revolucionarios se encuentra Marius, quien cierto día conoce a Cosette y se enamora perdidamente de ella para desgracia de Éponine, una mendiga hija de los Thénardier y que adora en silencio a Marius desde hace mucho tiempo. En las calles se levantan barricadas y Marius, quien piensa que Cosette va a marchar pronto a Inglaterra, le envía una nota con Éponine, que es interceptada por Valjean. Éste decide unirse a los revolucionarios, entre quienes también se ha infiltrado Javert, para poder velar por Marius. A partir de este momento, muchas vidas se pondrán en juego.

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Datos de esta Versión

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Datos Adicionales

Esta producción editó un disco compacto (CD) con los siguientes temas musicales:

1. Prólogo - El obispo de Digne
2. Nuestros días se van
3. Soñé con ser otra mujer
4. Castillo de cristal
5. Amo del mesón
6. Estrellas
7. La canción del pueblo
8. Rue Plumet
9. Amor eres tú
10. Un día más
11. Sóla yo
12. Javert en la barricada
13. A beber
14. Sálvalo
15. Suicidio de Javert
16. Sillas y mesas vacías
17. Epílogo

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Elenco

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Crítica

Palabras mayores.

Si alguien me pregunta por el mejor musical del mundo, aun a riesgo de no ser objetivo, siempre tengo un título que contestarles, sin pararme a pensar, siquiera, si la justicia de ser, siempre, el primero, es auténtica justicia o lastre. Los Miserables son las dos palabras que acuden a mi mente, dos palabras simples que, por lo que encierran, son siempre palabras mayores. Rivalizan (en número de fans) El fantasma de la ópera, Cats, o incluso Jesucristo Superstar (todos viejos musicales que se han convertido en pilares fundamentales para entender el género), y gente habrá que discuta sobre la perfección, como gente hay, en todos los casos, para discutir ideas propias. No pretendo dar mi punto de vista subjetivo sobre el tema, pero, ya que estamos, creo que es mejor sincerarse con los lectores, en mi caso, al hablar de este montaje y es que, como supongo habrá quedado claro, Los miserables, para el que esto escribe, es el mejor musical del mundo.

El 16 de Septiembre de 1992, el teatro Nuevo Apolo quedó reconvertido, por arte de magia, en el teatro musical de Madrid, estrenando sobre su viejo escenario el que, hasta la fecha (y esto sí es objetivo), ha sido el mayor musical jamás visto en tierras españolas. No hablo sin saber: aquí, en este país, no conozco a nadie que tuviera la suerte de haber disfrutado de esta representación sin caer rendido y enamorado de su partitura, su historia, sus personajes, la perfección absoluta que, cada noche, el impecable elenco regalaba a su público.

Gracias a Los miserables, en Madrid se abrió una puerta al teatro musical que, hoy en día, alcanza una cota de mercado (dentro del panorama teatral) muy por encima de las mejores expectativas jamás soñadas. Es cierto que, antes, otros montajes (muy deslabazados en el tiempo) intentaron lo propio sin conseguirlo: Jesucristo Superstar, Evita, Barnum, El diluvio que viene... Pero, seamos francos, fue el 16 de Septiembre de 1992, cuando comenzó la historia del teatro musical en España.

Por si esto no bastara para dar una idea de la importancia y la repercusión que tuvo el estreno de Los miserables en España, cabe decir, además, que no se recuerda un éxito de crítica y público similar hasta la fecha (es cierto que algunas producciones han superado, ampliamente, el récord de espectadores de Los miserables, pero haciendo analogía de los tiempos en que se estrenaron estos montajes, sin duda, Los miserables gana por goleada, al hacerlo en una época en la que nadie apostaba por el teatro musical, y no había mercado, aparentemente, para este tipo de productos).

Pero, lejos de lo que significó el estreno de Los miserables, y de las ostentosas cifras que cosecha la producción, lo cierto es que, el montaje, merece una crítica somera al nivel que, realmente, importa, es decir, al nivel puramente teatral.

Un soberbio elenco, encabezado por el espectacular Pedro Ruy Blas, en el siempre difícil rol de Valjean, surge ante los espectadores con la fuerza indiscutible de lo mágico, sabedores de estar haciendo historia sobre las tablas del escenario. Miguel del Arco (Javert), impresiona por su presencia escénica y ese carácter oscuro que otorga a un personaje que, pese a todo, es tan humano como el resto. Una jovencísima Margarita Marbán (Eponine) conmueve los corazones del respetable con su historia de amor imposible, y su cálido y perfecto soliloquio (“Sola yo”). También despuntando en sus primeros papeles musicales encontramos a Gemma Castaño (Fantine), con una voz muy personal, y un rol sumamente dramático que firma a la perfección, sin caer en la sobreactuación. Carlos Marín (Marius), principal voz masculina del panorama musical (que, en la actualidad, hemos perdido para los escenarios, y ganado en su labor con el grupo musical Il Divo), estremece con “sillas y mesas vacías”, y con cada una de sus intervenciones vocales. Enrique R. Del Portal (Enjolras) demuestra, ya desde su juventud, los altos agudos y la fuerza y el carisma necesarios para su papel de una manera soberbia. Luisa Torres (Cosette), sorprendió con su particular voz al público que, por otro lado, no siempre aclamó su, por otro lado, buena labor sobre las tablas. Completa el reparto principal el maestro Joan Crosas (Thenardier), que, casualmente, fue el primero en abandonar la producción para volver a Barcelona, su tierra natal, dejando el difícil rol del mísero tabernero a un espléndido Francisco la Hoz, al que, años más tarde pudimos volver a disfrutar en Cabaret.

En el año 1992, muchos de estos nombres eran completamente desconocidos, pero el tiempo supo darles la importancia debida, hasta el punto de estar hablando, en la actualidad, de muchas de las principales figuras del teatro musical español. Juntar, en un escenario, a tanto talento prodigioso, fue uno de los principales aciertos de la producción (nunca se ha debido de felicitar lo suficiente a Maria Luisa Castellanos, directora del casting), sin olvidar, por supuesto, otras labores, resueltas de manera excelsa, como la adaptación, dirección y producción que pudo disfrutar el público madrileño.

Cameron Mackintosh, junto a José Tamayo y Plácido Domingo, fueron los encargados de hacer real el sueño imposible de poner en escena un musical en Madrid, tras una década de sequía iniciada con la caída final del telón de Evita. Comentaba, Mackintosh, por aquel entonces, que él mismo se veía sorprendido de la perfección alcanzada en la versión madrileña de Los miserables, resaltando, en concreto, la escenografía, que se vio, necesariamente, modificada a tenor del espacio disponible en el teatro Nuevo Apolo y que, cosas de la vida, resultó ser una mejora de la versión clásica de Londres.

Efectivamente, dos enormes barricadas móviles, con sistemas hidráulicos que permitían diferentes movimientos horizontales y verticales, y con capacidad de giro descansaban, durante toda la representación, en los hombros del teatro, sobre un escenario giratorio de más de diez metros de diámetro. Un puente se descolgaba sobre los actores, y dos enormes telones, a modo de pantallas, uno en el borde del proscenio, y el otro a mitad de la escena, ponían la guinda a este festín escenográfico, jamás visto, hasta el momento, sobre un escenario español.

El atrezzo, el vestuario, y la cuidadísima iluminación, apoyaban la escena con autoridad, permitiendo al espectador sumergirse en el París del siglo XIX. Tales características, además, resultaban aún más espectaculares ante la historia que ayudaban a contar, pues Los miserables es, ante todo, una conjunción de todas las emociones humanas, un crisol de romance y guerra, rebeldía y pasión, un canto épico, en definitiva, que acrecentaba la magnitud de la escena desde su mismo mensaje.

David White, en calidad de director musical, firmó una partitura que, ahora sí, conviene reseñar, siempre deberemos a los maestros Schönberg y Boublil (autores, también, de otras maravillas como Miss Saigon), destacando una comunión entre orquesta y voces que aún debe resonar por las salas del Nuevo Apolo. Y es que, por aquellos tiempos, hacerse con una edición de las canciones del musical en español (que, por cierto, tan solo incluyó ciertos highlights) resultaba, en ocasiones, tarea imposible (hoy en día, soñar con tener un cd original de esta producción, también se me antoja palabras mayores).

El elenco que dio vida a la inmortal obra de Víctor Hugo, no podría haber tenido tanta magia de no ser por la incesante labor de Ken Castwell, su director de escena, a quien siempre tendremos que agradecer que no se limitara a traspasar la franquicia de Londres, o Broadway, al teatro madrileño, resultando un espectáculo diferente, primero, por el cambio técnico en cuanto a escenario, como ya se ha comentado, y segundo, debido a la pasión que, en ocasiones, se transformaba en la misma rebeldía de los personajes de la obra, y que se desprendía de cada uno de los miembros de la producción.

¿El mejor musical del mundo? Si no lo es, debe estar cerca de rozar dicha excelencia, pero, permítame el lector, terminar mi escrito del mismo modo que lo comencé: abandonando la objetividad (sí, aunque no lo parezca, los datos son los datos, y todo lo aquí expuesto es objetivo), y centrándome en la pasión que me conquistó hace años. No me atreveré a afirmar aquí, que hablamos del mejor musical del mundo, salvo si se me pregunta, directamente, pero espero que me entiendan cuando digo que, tras Los miserables, todas las demás palabras se me antojan menores.

Esteban García Valdivia

LO MEJOR:
-La música
-La dirección
-La propuesta escénica
-Todo el elenco
-Lo que significó para el teatro musical en España
-La historia
-Los personajes

LO PEOR:
-Su excesiva duración
-CD editado sin todas las canciones

CALIFICACIÓN FINAL: 6/5 TOTALMENTE IMPRESCINDIBLE

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