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Red Teatral
locos por los musicales
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Ricardo Villareal

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En 1997 asistí, en compañía de mi primo Armando, al recién inaugurado Teatro Polanco para ver la representación del musical de Andrew Lloyd Webber, "Expreso astral", que en nuestra ciudad se montó en medio de una parafernalia poco común.

En ese momento, y muy en lo personal, la historia de dicha producción no me llenó tanto como lo esperaba; lo que sí, fue la soberbia producción del montaje, la caracterización de los actores y, sobretodo, la presencia escénica del protagonista del cuento "de trenecitos", llamado "Ferro", personaje interpretado por un joven, en ese momento desconocido para mí: Ricardo Santos, bautizado artísticamente así por decisiones de marketing y, más adelante, rebautizado para la escena con su nombre verdadero, también Ricardo, pero Villarreal.

Con el paso del tiempo, -aproveché para iniciar mis pasos por el complicado medio del periodismo de espectáculos- también me percaté del progreso de esa promesa artística que, al poco tiempo, dejo de serlo al transformarse en uno de los actores más completos que tuvo el teatro en nuestro país.

Gracias a la labor que desarrollaba como reportero en El Heraldo de México, tuve la oportunidad de tratarlo y percatarme de su luz y buena química; así me hice me hice su amigo dentro y fuera del trabajo.

En este tiempo, gocé la calidad profesional de Ricardo Villarreal como actor en puestas en escena como "La casa de Bernarda Alba, el musical", "Los ojos del hombre", "El fantasma de la ópera", "Jesucristo Superestrella", "El Full Monty" (donde interpretaba una canción que me fascinaba, llamada “Conmigo estás"), "Fiebre de sábado por la noche","Amor de hombre" y "Tlatelolco", así como la de productor y dramaturgo en "Secretos en la oscuridad" y "El unicornio azul". También conocí su faceta como "estrella pop" cuando formó parte del grupo "Chicos del Boulevard", de la cual siempre que podía, le bromeaba sobremanera.

Otras de sus participaciones en televisión fueron en las telenovelas "Rosalinda", "Agujetas de color de rosa" y en el programa de Horacio Villalobos "Desde Gayola", transmitido por Tele Hit, de donde recuerdo mucho un sketch que hizo al lado de "La manigüis".

Siempre que nos encontrábamos, Ricardo se mostraba más que dispuesto y atento a mis solicitudes periodísticas, lo cual agradecía sobremanera porque, en verdad, son contadas las personas que saben su profesión y te ayudan a que también realices la tuya sin ningún problema. En ese sentido, en verdad, muchas gracias Ricardo.

Tiempo después de dichas anécdotas, y de que emigré de trabajo a la División Teatro de Ocesa, me reencontré en varias ocasiones con Ricardo. Teníamos pláticas muy ricas en las que comentábamos de todo y de todos (jeje), como ocurre en cualquier profesión. Más adelante, retornó al teatro musical para participar en la gira de "José el soñador", protagonizada por Mauricio Salas, compañero incondicional de Ricardo. Desafortunadamente, a pesar de que realizó varias funciones en el Distrito Federal, no tuve la oportunidad de verlo.

Sin embargo, meses después, tuve la posibilidad de disfrutar de nuevo una de sus actuaciones, además de reconfirmar su buena voluntad y solidaridad. En 1995 quedé desempleado y, ante tal situación, abrí una agencia de Relaciones Públicas y Control de Medios. En ese tiempo, Ricardo también estrenó el espectáculo unipersonal "Acariciando la muerte", escrito y dirigido por Alejandro Celia y escenificado en el Telón de asfalto. Al enterarse de mi situación, sin dudarlo, “el flaco” me dio trabajo y la posibilidad de sentirme útil, lo cual le agradezco y le agradeceré siempre.

Más adelante, casi a finales de ese 1995, lo visité en el departamento que compartía con Mauricio Salas en la colonia Condesa, arriba del restaurante "Rojo Bistro", todo con el objeto de pedirle un consejo y platicarle sobre mi, en ese entonces, reciente ruptura sentimental.

Ricardo conoció a mi ex pareja y, en medio de una taza de té y un par de sandwiches, platicamos mucho, bastante bien, sobre muchas cosas y, lo principal, me dio muchos consejos para salir adelante. Todo esto rodeado de su buen humor y peculiar modo para decirte las cosas, bastante directas, pero sin afectarte tanto con un clásico "¡Ay papito!". Necesitaba que me escucharan y, en ese momento, Ricardo lo hizo y se lo agradezco mucho... Quién iba a pensar que esa sería la última ocasión en la que nos veríamos.

Días después Ricardo se enfermó gravemente de tuberculosis, enfermedad que le atacó el cerebro y, pasado el mediodía del 24 de diciembre, murió, concluyendo físicamente una de las carreras artísticas más completas, serias y hechas con mucho corazón que se hayan dado a conocer en el medio artístico mexicano.

Tenía apenas 36 años y mucho qué dar por delante. Mauricio Salas sabía todo eso y actualmente continúa con los deseos de Ricardo Villarreal de instruir y apoyar a nuevas figuras del medio artístico, contando también con el respaldo de otros amigos de Ricardo como Laura y Lola Cortés, Anabel Dueñas y Anahí Allué, entre otros, en el Centro de Artes Escénicas Artestudio, uno de los proyectos que Villarreal deseaba concretar tiempo atrás, cuando su escuela se encontraba en otro edificio, también en Insurgentes.

Ricardo tenía muchos deseos de seguir triunfando. Hacía las cosas con ganas y sin poner "peros". Recuerdo mucho la ocasión en la que, teniendo como pretexto la campaña de prensa de "Acariciando la muerte", fui a su escuela y subí con él a la bodega para buscar aditamentos para el espectáculo; al regresar a su oficina, lo hizo con más de dos proyectos en mente, simplemente por encontrarse con algunos atrezzos y vestuarios guardados en las cajas de ese lugar.

También rememoro de la función de graduación que organizó junto con sus alumnos, actuada por ellos, del musical "Rent", la cual se llevó a cabo en el Telón de asfalto y tuvo músicos en vivo y demás elementos que, francamente, me dejaron boquiabierto por su calidad, precisión y, sobretodo, el espíritu artístico que él les transmitía a sus alumnos.

Ricardo, sigue descansando en paz que en verdad te lo mereces al máximo... Gracias por todo lo que hiciste por el teatro mexicano y, sinceramente, gracias por todo lo que hiciste por mí en el poco tiempo que conviví contigo. Gracias por abrirme las puertas de tu casa y la de Mauricio. Gracias por darme trabajo. Gracias por escucharme y aconsejarme. Gracias.

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