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CRÍTICA A LA OBRA HISTORIA DEL ZOO, DE EDWARD ALBEE




Durante escasos tres días hemos podido disfrutar en la RESAD de un nuevo montaje dirigido por Charo Amador


A pesar de que David Alonso en su personaje de Peter es un ciudadano pacífico y cortés, sus emociones más primitivas serán liberadas como si de la caja de Pandora se tratase; Peter se ve inesperadamente vapuleado por su compañero de reparto, Carlos Martos de la Vega representando a Jerry, un hombre torturado por su incapacidad de expresar su humanidad en su relación con el otro; su profunda desesperanza y su frustrada dedicación por sanear sus imposibilidades se ciernen sobre ambos personajes provocando un final tan posible como lógico.

La obra narra la historia sin historia, el engaño de lo que sucede gracias al suceso inexistente. Un texto cuya carga filosófica puede provocar el agotamiento intelectual en el público, pero gracias a la entrega de los actores y a la agudeza de Charo, el texto se convierte en un campo de minas que provocan la explosión emocional inesperada. Es una montaña rusa llena de sorpresas, pasando de la lágrima del llanto a la carcajada enajenante. Un logro difícilmente conseguido en un texto que a veces resulta un tanto árido. Charo Amador exhibe una vez más su talento como directora de actores.
El texto se engrandece y materializa con cada intención mostrada en escena. La frontera entre lo cómico y lo trágico se rompe y, de la mano de Charo, nos adentramos en una aventura emocional constante. La sensibilidad con la que se desvela la proximidad y la lejanía entre los dos personajes transforma el contenido en un juego cómico o un duelo dramático.

La obra trascurre durante una hora y veinte minutos aproximadamente, tiempo en que los actores se entregan al ciento veinte en el escenario, sin remisión. Carlos Martos de la Vega y David Alonso luchan sin tregua para que cada palabra, cada gesto y cada pequeño matiz cobren vida y se justifiquen en sí mismos. Se empeñan, con toda su artillería pesada, en que el texto de Edward Albee se convierta en un aquí y ahora lleno de humanidad.

El tándem resulta. Es inevitable destacar la interpretación valiente y apasionada de Carlos Martos de la Vega, sobre el que recae el noventa por ciento del texto, que lucha incansable por regalarnos al menos una parte del personaje de Jerry, logrando atraparlo y hacerlo suyo durante el montaje. Aunque la intervención de David Alonso es cuantitativamente menor, y teniendo en cuenta que en su caso la rotura de hielo ocurre ya avanzada la obra, es capaz de integrarse en el ritmo marcado por su compañero de escena, alcanzando la explosión sentimental necesaria al igual que la diversidad emocional de su personaje.

El montaje se basa en un trabajo desnudo, donde la palabra es la máxima protagonista. La reflexión se materializa en escena a través de los actores. Nada más que ellos son el medio de comunicación: sus movimientos, sus gestos, sus intenciones. Un montaje donde se muestran sin pudor las herramientas básicas de un teatro anclado en el individuo. Un conjunto bastante conseguido que no deja indiferente al patio de butacas.

Silvia López-Ortega

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