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EL TÍTULO ES LA LLAVE PARA ENTRAR EN LA OBRA




Mayo 2008-Estuvimos en la rueda de prensa de "El caso de la mujer asesinadita"


Redteatral tuvo el honor de compartir una mañana, al lado de los protagonistas de lo nuevo de la directora Amelia Ochandiano: “El caso de la mujer asesinadita”, de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia, de quien, poco a poco, nos vamos olvidando. “Aunque Mihura decía que la obra la había escrito, prácticamente entera, él mismo” nos comentaba Francesc Albiol.
En el mismo teatro en el que se procedió, el pasado día 15 de mayo, al estreno de la misma, acudimos a la rueda de prensa a la que no quiso faltar ni uno; ni siquiera Mamen Godoy que, aunque tarde, llegó, dedicándonos un discreto saludo y proveniente de una grabación.
Una picarona Lola Baldrich, un apuesto Ismael Martínez, un interesante Francesc Albiol o, una, sorprendentemente tímida, Isabel Ordaz; sin olvidarnos de la benjamina, Sandra Ferrús o, de quien casi nos desvela el final de la obra, Cipriano Lodosa. Todos ellos acompañados de, como no podía ser menos, una divertida Amelia Ochandiano, que, a título de curiosidad, lleva cómo tono del teléfono móvil la música de la obra; y Mora Apreda, la directora del mencionado teatro madrileño.

Obra, la que nos presentaron, ambientada en la posguerra española, en la que Mercedes (Isabel Ordaz), es una mujer casadita de mediana edad, que se aburre mortalmente, como diría el autor, y reparte su tiempo entre la casa, leer novelas de aventuras y dar la lata a las criadas. Todo, en su vida, se muestra aburrido hasta que, su existencia, da un inesperado giro: una noche que su marido llega más tarde, por motivos de trabajo, y mientras lee una de sus novelas, se queda dormida y tiene un sueño con absoluta apariencia de realidad…
La idea de llevarla de nuevo a los escenarios, la tuvo la directora, Amelia Ochandiano, en el momento en que, en 2005, tuvo lugar el centenario del nacimiento del autor. Fue, entonces, cuando proyectó el volver a dar vida a una de sus mejores obras. Entre las muchas creaciones que vio, la elegida fue ésta. Se quedó prendada del personaje de Mercedes, por su recorrido dramático a lo largo de la obra, de quien Isabel dijo ser un bombón, un personaje precioso que le permitía muchos desafíos como actriz. Además de la parte en que, el propio Mihura, lo describe como de comedia poética, como comedia romántica.

Destacar el vestuario, muy cuidado; la música, sobre todo desde el momento en que aparece Norton, con las composiciones de Cole Porter, que introducen un revulsivo de bocanada de aire fresco que nos hace soñar con desconocidos mundos; la danza, desde el mismísimo principio hasta el final: la muerte de Mercedes será una agonía coreografiada; y, por último, el espacio, al que se hace alusiones continuas y referentes a cómo está decorado. Éstos serán los cuatro puntos fuertes de la nueva función que dará comienzo en el Teatro Fernán Gómez, desde el día 20 de mayo hasta el 8 de junio.
Isabel Ordaz hizo especial hincapié en que se trata de algo que supera la frivolidad, lo superficial, la simple comedia disparatada. Ellos han ido mucho más allá, se ha llegado al fondo “del talante y del talento” de cada uno de los actores, siempre envueltos con ese velo poético que describía el autor. También reconoció, que no se jacta de conocer mucho al escritor, pero que una cosa sí sabe, y es que le produce mucho sudor, confesó entre risas.
Albiol nos descubrió que la función encierra una crítica a las convenciones burguesas, de ahí que se valga de muchos estereotipos, como el de su personaje, Lorenzo (marido), que representa a alguien de la clase media, que va ascendiendo, poco a poco, y “muy macho”. Se refleja fielmente la relación de unidad que había en el matrimonio de la época de posguerra, con sus represiones, sus ideas, sus creencias… teñidas de ese humor negro tan característico del autor, que da lugar a ese realismo absurdo.
Ismael, que da vida a Norton, afirmó ser un honor, el poder trabajar con esta compañía; en una obra que sirve, tanto para reírse, como para identificarse con ella: viene muy bien para “menear las conciencias de un modo muy actual”. Lo corroboró su compañera Sandra (criada), añadiendo que se trata de una función, que invita a la gente a acudir al teatro, “porque es muy similar a un thriller”, comentaba entusiasmada.

Lola Baldrich, la mecanógrafa aparentemente inocente de la obra, explicó que se siente encantada con su personaje, por ser alguien lleno de contradicciones y, a fin de cuentas, una superviviente que se deja llevar por las circunstancias. Recordó que ya tuvo el placer de trabajar en “Tres sombreros de copa”, del mismo autor, con Cipriano Lodosa, que da vida a lo que sería la fusión del jardinero y el chofer, Renato. Apuntaron que, es cierto, que se aprecia ese parecido entre ambas obras, que se percibe esa poética, ese absurdo, esas frases sin sentido, y ese juego continúo de humor y crítica.
En cuanto a lo que se pueda pensar referente al título, “no es baladí”, está así puesto con toda intención. Es como una especie de llave para adentrarnos en la función, para hacernos comenzar a entender. “Viene a explicar otra forma de morir asesinada”, reafirmaba Isabel Ordaz. Es la historia de una mujer que vive en una cárcel de amor, en su propia casa encerrada, asemejándose a una heroína romántica más propia de la épica romántica que del teatro del absurdo de Mihura.

La cita dio mucho de sí, parecía como si el tiempo no pasara entre risas y palabras, entre bromas y explicaciones. Os deseamos mucho éxito desde nuestra página de Internet. Esperamos que esa llave que da paso al comienzo de la obra, se quede abierta por mucho tiempo, demostrando que, estamos, ante toda una hazaña del siglo XXI: volver a ser éxito de taquilla con uno de los clásicos.

Ana Isabel Auñón

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