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EVOLUCIÓN DEL TEATRO RELIGIOSO




Un artículo sobre la evolución del teatro religioso a través de los siglos


Ante la apertura del telón, el público permanece expectante y espera dejarse atrapar por el embrujo de esa tela de araña del espectáculo, con el fin de divertirse o evadirse hacia esa torre de marfil que surge de los escenarios. Pero, el hechizo del teatro va más allá. La mística dama: Religión, ha visto en él un medio para allanar el camino a sus fieles y conducir a sus “ovejas al redil”. Desde tiempos inmemorables ésta se acercó a las bambalinas de los escenarios y supo instrumentalizar el arte para alcanzar sus fines
En la Edad Media, durante el periodo comprendido entre el siglo V y XV, surgió una nueva cultura que se vio inmersa en un proceso de búsqueda de una nueva identidad. Se trataba de años oscuros en los que la sociedad del momento precisaba una salida al caos imperante. Tras la caída del imperio Romano de Occidente, en el año 476 d.C.
Los clérigos de la época vieron que el teatro podía ayudarles a asentar los cimientos de la religión. El templo se convirtió en el germen de las posteriores representaciones sacramentales. Allí, se encargaban de recrear una escenografía, con la que pretendían crear un áurea envolvente mediante el acompañamiento de cánticos solemnes. Éstos en su afán didáctico por explicar los misterios de la fe a los fieles, mayoritariamente incultos y analfabetos, crearon los primeros diálogos teatrales religiosos: los tropos, con los que escenificaban algunos episodios relevantes de la Biblia. Estas representaciones, que tenían lugar dentro de las iglesias, en el coro o parte central de la nave, se fueron haciendo más largas y espectaculares dando lugar a un tipo de teatro religioso que fue el teatro medieval por excelencia. Poco a poco, se fueron añadiendo elementos profanos y cómicos a este tipo de representaciones que, por razones de decoro, terminaron por abandonar las iglesias y comenzaron a realizarse en lugares públicos: en los pórticos y atrios de las iglesias, plazas, calles y cementerios.
Estos esbozos de lo que sería el teatro religioso cuajaron con la aparición de los autos-sacramentales. Éstos tuvieron su origen en la España medieval del s. XI. Se consideran una recreación alegórica de las moralidades, bañada con la autenticidad de elementos históricos y dogmáticos de los misterios. Todo esto dará lugar a lugar a un drama teológico, en el que se entremezclan; por un lado, el elemento bíblico y por otro el escolástico, ambos teñidos por un cálido manto tejido por la cercanía de los mitos y manifestaciones populares de la época.
El auto-sacramental sufre una evolución significativa en el s. XVII. Lo que inicialmente, fueron primitivas manifestaciones teatrales, durante el s. XI; dio paso a ese gallardo caballero, que con sus majestuosas galas, era capaz de congregar a toda una comunidad. En estas representaciones no se daban distinciones, a ellas acudía todo el pueblo: nobles y plebeyos.
Los autos-sacramentales se convirtieron en verdaderos teatros ambulantes. En estos años, se dio un montaje técnico y una elaboración que requirieron de la financiación de las diversas autoridades seculares y eclesiásticas.
Toda esta expansión de las representaciones religiosas sufrió un importante revés durante el reinado de Fernando VII. Éste prohibió las comedias de santos, en las fiestas del corpus. Para posteriormente, recibir el hachazo definitivo durante el reinado de Carlos III. Éste, mediante la Cédula Real del 11 de junio de 1776, prohibió la realización de autos aludiendo “ser los teatros lugares impropios y los comediantes indignos y desproporcionados para representar los Sagrados Misterios”.
En la actualidad las celebraciones religiosas mantienen ese aire dramático, en la que se apela a la emotividad del “auditorio”, remitiéndonos a ese pasado teatral.

Lorena Peña

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