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HAZ LO QUE QUIERAS, INCLUSO SUBIRTE A UN PIANO VERDE




Abril 2008-Asistimos a la divertida rueda de prensa con Millán Salcedo acerca de su nuevo show.


Con el lema de “Haz lo que quieras, lo que siempre has querido hacer, incluso subirte a lo más absurdo, como puede ser un piano verde”, vuelve a los escenarios de Madrid el estimado, divertido e inimitable, por su peculiar humor, Millán Salcedo.

Con su “Yo me subí a un piano verde” título que parodia la primera estrofa de una melodía popular titulada “¡Anda jaleo!” igualmente conocida como “El tren blindado”, hecha famosa en los años 40, viene pegando fuerte de nuevo, en un espectáculo de hora y media donde hay lugar para la comedia, la nostalgia, el disparate, la imaginación, el recuerdo y, como no, los dobles sentidos y el humor del único humorista que consiguió hacer de las empanadillas, un mito.

Bajo la dirección de los artífices y grandes genios padres del gag, a la que denominan unidad mínima del humor, los componentes de Tricicle. Con este caldo de cultivo, y un aliñado de la mano del pianista elegido para tal evento, César Belda, quien lleva dentro de sí, no un músico sino “una filarmónica” como dijo Millán entre risas, el resultado puede ser una bomba humorística, sin olvidar el buen gusto y la profesionalidad. El exquisito fruto obtenido viene dado porque, como diría Paco Mir, los miembros están para ayudarse, salvarse unos a otros, para complementarse como grupo.

Mir cuenta que lo que Millán necesitaba era que “alguien le viese desde fuera”, un voluntario que le dirigiese en sus intenciones, porque es algo de lo que carece: de dirección, en su historia profesional. Es una persona que tiene muchas ideas, y hacía falta quitarle algunas de ellas, para que el espectáculo no se alargase más allá del tiempo estipulado. “Si algo tiene Millán, son ideas” decía entre risas.

Aunque con algo de retraso, en su estreno, porque han tenido una producción larga y, aunque sea de género humorístico, Millán asegura que le gusta hacer las cosas bien, buscando la factura técnica y la calidad ante todo. “Para que no parezca cutre”, y salga lo más profesional posible, el protagonista le dedica todo el tiempo necesario y avanza poco a poco.

Y más aquí, donde por primera vez se ve sólo en un escenario, con el humor por bandera, sin sus compañeros de Martes y 13, y donde ha tenido que trabajar más de una técnica para mostrarla por primera vez ante el exigente público. Hablar de espaldas, cantar solo, hacer pausas… incluso su debut en el piano con una pieza de Bach, son algunas de todas las experiencias nuevas que está experimentando Millán con esta entrega. Por medio de varios sketchs, algunos desternillantes y otros más emotivos, nos habla de su vida, de sus aficiones, de su familia, y se embarca en una nueva aventura con todo lo que ello supone, siempre acompañado de sus sin iguales juegos de palabras y aprovechando los dobles sentidos que nuestro idioma permite. Pero Millán es alguien osado, valiente, a quien le gustan los retos aunque se sigue poniendo nervioso al subir a un escenario, “porque también soy de carne y huevos” dijo entre risas, la innovación no le deja en un segundo plano, no le supone ningún problema a la hora de presentar algo novedoso proveniente de su mano.

En su vuelta al mundo del humor, ha homenajeado a ídolos suyos como Serrat, José Luis Coll, su musa Ana Obregón, a sus queridos padres y a sus compañeros de Martes y 13 con el tema “Te lo juro por la Encanna”, como recuerdo a aquel gag de las empanadillas que tanto éxito trajo consigo. También hay espacio para sus pasiones como las manualidades a las que defiende fervientemente frente a las nuevas tecnologías, la técnica del collage que “es genial”, comentó; incluso de responder a esas eternas preguntas que lideran la escala de interrogantes que el público le expone al artista y a las que da vida en el escenario, “siempre en clave de humor”.
Como fuente de inspiración le sirvió Gabino Diego, a quien rinde pleitesía y profunda admiración, con su “Una noche con Gabino” donde se reía de sí mismo, así como Pedro Ruiz, diciendo ser como él pero sin el como, o Nacha Guevara.

Refiriéndose al cartel del espectáculo, donde sale envuelto entre bombillas de un árbol de Navidad, evocando a la entrañable época y dando la idea de que se ha tragado la Nochevieja quiere, no solo provocar la risa nada más verle, sino evocar esos años en los que él, con sus compañeros de éxito, eran los reyes de las últimas noches del año y se colaban en las casas de toda España.

Entre risas, gestos tan característicos suyos, anécdotas a tutiplén y bromas varias trascurrió el encuentro con nuestro protagonista del día. Nos recomendó a todos ir a ver su espectáculo, en el cual está muy bien acompañado y, confiesa, que irá todos los días, riendo de nuevo, así que pasará lista y, si nos echa en falta, jura por la Encanna que nos arrepentiremos.

No tanto como todos los días, pero sí que esperamos poder ir a verle en algún momento de la, esperemos, dilatada época que este fenómeno se halle en cartel. Mucha suerte.

Ana Isabel Auñón

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