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LA TRAYECTORIA DE 'TRICICLE'




Un repaso por la vida artística del trío catalán a través de sus creaciones


Corría el año 1979. Michael Ende publicaba su novela “La historia interminable” y Led Zeppelín volvía a subirse a un escenario después de dos años de sequía, mientras que Blas de Otero escribía su verso del adiós. En Madrid, los aficionados a la música rock disfrutaban por fin de los conciertos de ‘Queen’ en directo, y en las calles de Barcelona, los viandantes se entretenían con los espectáculos mudos de tres estudiantes del ‘Institut del Teatre de Barcelona’: tres jóvenes mimos, con mallas y la cara pintada de blanco, que hacían las delicias del público que paseaba por las Ramblas. Después de pasar un tiempo creando espectáculos en forma de sketches cómicos para representar al aire libre o en pequeñas salas (como el café-teatro Llantiol) y durante un viaje, de la manera más sencilla, surgió ‘Tricicle’ (nombre que ninguno de sus tres componentes actuales -Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans- recuerda cómo fue propuesto).

La primera obra en la que se embarcaron fue “Manicomic”, constituida por una selección de los mejores sketches creados hasta la fecha. “Manicomic” supuso una bocanada de aire fresco para el panorama teatral catalán del momento, que estaba ahogándose en el clasicismo y la rutina. Mediante números de máscaras, canciones ‘mimadas’, gestos pantomímicos y un ingenio rematadamente despierto, ‘Tricicle’ se metió al público en el bolsillo y consiguió llevarse un reconocimiento en el Festival Internacional de Teatro de Sitges en 1982. Quienes tuvieron la oportunidad de verlo, recordarán con cariño el sketch de los náufragos en la isla desierta (que daría pie a la creación, algunos años después, del espectáculo televisivo “Chooof!”), el de los tres deprimidos por amor que intentan suicidarse sin éxito (al son del bolero “No me vayas a engañar”) o la escena que los hizo mundialmente conocidos y que todavía queda en las retinas de muchos nostálgicos: la interpretación mímica de “Soy un truhán, soy un señor”, de Julio Iglesias. Con esta canción se presentarán, en 1983, en el programa “Un, dos, tres… responda otra vez”, de la mano de ‘Chicho’ Ibáñez Serrador y, de esta forma, conseguirán colarse no sólo en todas las casas españolas, sino también en todos los corazones.

Un año después, en 1984, Joan, Paco y Carles demostraron que les sobraban inspiración y ganas de trabajar, así que se atrevieron a presentar un montaje completamente nuevo: “Exit”. Si en “Manicomic” ya apuntaban maneras y esbozaban lo que iba a convertirse en un exitazo de treinta años (por ahora), en “Exit” afianzaron su estilo y crearon escuela: cambios de ropa vertiginosos que se convertían en verdaderos ejercicios de fregolismo para la interpretación de muchos personajes diferentes en muy poco tiempo, escenas conducidas por una música magistralmente escogida y vital para el desarrollo de la interpretación… Y todo ello, acompañado por una serie de onomatopeyas y palabras aisladas que le aportaban una pequeña dosis de vida a un silencio ya de por sí, vivo. El avión que ‘Tricicle’ cogió en “Exit” le llevó a dar una larga vuelta por el mundo, y desde entonces, ningún aeropuerto de España, Italia, Alemania, Inglaterra, Grecia, Japón, Francia o Finlandia, entre otros, ha vuelto a ser lo que era: ahora, los ejecutivos en espera se entretienen haciendo obrillas de teatro con calcetines, las azafatas reparten los periódicos como si fueran jugadoras de béisbol, los pilotos matan su tiempo libre haciendo guerras con aviones de papel y los pasajeros se disfrazan con las mascarillas y los chalecos salvavidas cuando sobrevuelan Venecia.

Y, por fin, en 1986, llegó “Slastic”, la obra que, tan sólo siete años después de haber empezado su andadura, consagraba a ‘Tricicle’ como uno de los grandes grupos humorísticos españoles. Eran un trío con nombre y apellidos, que ya no se caracterizaba por nada de lo que se había hecho antes de que ellos llegaran, pues ahora eran ellos quienes marcaban tendencia. A partir de la variante cómica denominada ‘slapstick’ (que implica la exageración de la violencia física, siempre en un tono hiperbólico que excede los límites del sentido común y por eso permite la risa), ‘Tricicle’ creó la marca deportiva que da nombre a su espectáculo, y a través de anuncios publicitarios y representaciones de diferentes deportes, creó el hilo conductor de su pequeña historia. Porteros de fútbol aburridos, lanzadores de jabalina que asesinan sin querer a los jueces de las pruebas, boxeadores que pegan puñetazos al público, tres bebés en dodotis persiguiendo una pelota gigante o un partido de tenis amañado fueron algunos de los motivos que ‘Tricicle’ utilizó para su espectáculo, que se ha convertido en uno de los más exitosos de su historia artística.

Tuvimos que esperar seis años para que ‘Tricicle’ se decidiera a mostrarnos su siguiente creación para los escenarios. Mientras tanto, realizaron la serie de televisión “Tres Estrelles”, sobre tres empleados de un hotel de lujo que, con sus torpezas, espantaban a los clientes (muy variopintos y de todo tipo); producción en la que cada miembro de ‘Tricicle’ interpretaba, al menos, a tres personajes diferentes en cada episodio. “Tres Estrelles” sirvió de base para la única película de ‘Tricicle’ (“Palace”, en 1995). A pesar del éxito que cosechaban allá donde iban, no se olvidaron del teatro, y en 1992 estrenaron “Terrrific” (como ellos dicen: “sí, con tres erres”), una obra que se desarrollaba en una peculiar casa del terror a la que accedían varias personas normales y corrientes extraídas al azar de entre el público asistente (los tres miembros de ‘Tricicle’, evidentemente). Una profunda voz en off hacía su aparición de vez en cuando, helando la sangre de todos los presentes con su penetrante timbre: y es que el genial Joan Crosas había prestado su voz para el espectáculo. Después de asistir a “Terrrific” (que, si bien no es la más célebre de las obras de ‘Tricicle’, no se queda demasiado rezagada en originalidad), uno tiene que ver a los monstruos de toda la vida de otra manera… Jorobados que cumplen años o se olvidan de hacer sonidos guturales para dar miedo, monstruos enamorados, matrimonios difíciles de conciliar, perros salvajes pero nostálgicos, y niños impertinentes armados de tirachinas desfilan ante los atónitos ojos de los espectadores, que no saben muy bien si llorar de miedo o de risa.

Después de “Terrrific”, ‘Tricicle’ se dio otra vuelta de tuerca y presentó uno de los espectáculos más entretenidos y geniales de su carrera. En 1996 (cuando ya habían pasado diez años de aquel “Slastic” por el que serían recordados en todo el mundo), sorprendieron con un montaje diferente a todos los que habían hecho: con el planteamiento de una serie de televisión por capítulos, ‘Tricicle’ se atrevía con “Entretrés”, obra dividida en varias partes en las que se tomaban siempre los mismos protagonistas (tres artistas sin suerte que compartían piso) y se contaban diferentes historias que les sucedían a lo largo de los días. Joan Gràcia encarnaba a un mimo que siempre estaba a régimen y que trabajaba como estatua humana en las dependencias del Metro; Carles Sans era un atractivo percusionista que trataba de ligar con su amiga Cuca; y Paco Mir era un escritor sin ideas, obsesionado por crear una historia genial sobre un tal Joe Ryan, quien, cada vez que Paco arrancaba una hoja de la máquina de escribir, adquiría una personalidad diferente. Muchos de los gags de “Entretrés” han pasado ya a engrosar la lista de los mejores logros de ‘Tricicle’, como el de las moscas, el del ciclista en bicicleta estática que cree que está corriendo el tour de Francia, el de la feria creada a partir de tres tapas de váter o aquél en el que Paco Mir recorre la casa dando de comer a todos los animales como si estuviera en una granja (impagable es el momento en el que se asoma a la ventana y dialoga con un pájaro, diccionario en mano).

En 1999 se cumplieron veinte años de la creación del grupo, así que ‘Tricicle’ decidió satisfacer a los más nostálgicos e ideó un espectáculo curioso: el público asistente podía escoger qué gags de las obras hechas hasta entonces quería ver en la función de cada noche. Si bien tuvieron mucho éxito, y los seguidores incondicionales del grupo agradecieron muchísimo el gesto (siempre es un lujo poder ver reposiciones en directo de todos los sketches mencionados anteriormente), también es cierto que mucha gente esperaba un montaje nuevo para conmemorar los veinte años de existencia.

‘Tricicle’ no quiso decepcionar, y en su afán por seguir creciendo y dándose al máximo como el primer día, maduró sus nuevas ideas durante tres años más y volvió a los escenarios en 2002 con la genial “Sit”, un auténtico triunfo de crítica y público. En esta obra se desarrollaba la historia de la silla, ese ‘ser’ que convive con nosotros y que no sabemos apreciar debidamente. ‘Tricicle’ proponía, siempre desde la carcajada, una cronología: el desarrollo de la silla a través de los siglos. Desde el famoso bidé, pasando por la consulta de un dentista y, llegando, en el más absoluto delirio, a sacar a un par de payasos haciendo malabarismos con sillas de madera. En el escenario siempre había una silla inmensa presente, que daba un toque minimalista a la escenografía y servía de forma sencilla para recrear diversos ambientes de forma muy ingeniosa. Una de las escenas que el público recuerda siempre con más simpatía es la de los tres trogloditas que descubren lo útil que puede resultar un tronco para sentarse, y que echan a suertes quién debe enfrentarse a un dinosaurio gigante para recuperar su asiento recién descubierto.

El último trabajo teatral de ‘Tricicle’ hasta la fecha es “Garrick”, un montaje dedicado al actor inglés del mismo nombre, cómico al que los médicos mandaban a sus pacientes para que les aliviara las penas del alma mediante la risa. Realmente, los ‘Tricicle’ siempre habían sido risoterapeutas sin ser plenamente conscientes de ello, y cuando lo descubrieron, encontraron en ello un filón para desarrollar este espectáculo. Onomatopeyas, un fakir a prueba de fuego, gritos rurales, tres hombres embarazados, tipos de risas, saludos cordiales, repetitivos o verdes, un vídeo parlante lleno de neuronas y endorfinas, una cámara de fotos… Y además, grandes escenas que ya forman parte de los éxitos creativos de ‘Tricicle’, como la del hombre escayolado que pretende fumarse un cigarro (con la que Joan Gràcia arranca al público una de las dos ovaciones más impresionantes de la obra), la del cuento con voz en off (en la que Carles Sans y Paco Mir hacen un esfuerzo sobrehumano y se llevan el otro frenético aplauso) o el sketch de los dos médicos encerrados en un ascensor.

Y ‘Tricicle’ no se cansa. A lo largo de su existencia ha producido obras de teatro, series, cortos y películas; ha escrito guiones teatrales, televisivos y cinematográficos; ha participado en eventos importantes y organizado muchos otros (como la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona ‘92); ha colaborado en la dirección de muchas obras; y, por separado, sus miembros siguen siendo inmensamente activos, artísticamente hablando. En 2008, y por primera vez en su historia, Joan, Paco y Carles van a dirigir juntos una obra que no van a protagonizar ellos: si Dios quiere y todo sale adelante, en septiembre podremos disfrutar de la versión española del musical de los Monty Python, “Spamalot”, que, sin duda, será un verdadero regalo para todos los amantes del grupo catalán, de los musicales y del teatro en general, porque ya, la palabra ‘Tricicle’, gracias a las tablas de la experiencia y a esa inspiración tan especial que siempre han demostrado, va asociada irremediablemente al éxito rotundo.

‘Tricicle’ ya no son los tres chavales con la cara pintada de blanco que se paseaban por las concurridas calles del centro de Barcelona haciendo que recogían pájaros invisibles del suelo, que encontraban pelos imaginarios en la sopa o que quedaban atrapados entre cuatro paredes que sólo ellos podían ver y tocar. Hace ya mucho tiempo que la caja de cristal se abrió y Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans echaron a volar en silencio, aleteando con sus plumas de colores. Hoy son referencia en todos los campos de la creación e interpretación teatral, se reconoce su labor artística en más de medio mundo y se pueden permitir el lujo de decir que son uno de los grupos más longevos y geniales del humor español. Y, sin embargo, cuando se tiene la oportunidad de mirar dentro de sus ojos, es fácil descubrir en sus pupilas que mantienen en ellos el espíritu de un pequeño mimo con tirantes y camiseta de rayas, con los sueños y la inocencia que aporta saber volver de vez en cuando a esa caja de cristal imaginaria.


Esmeralda López Muñoz


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