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MAGIA EN MAYÚSCULAS




Crítica a la nueva versión madrileña de La Bella y la Bestia


Hablar de La bella y la bestia es hablar de uno de los musicales que más éxito ha cosechado la cartelera madrileña. Ahora, ocho años después de su estreno, vuelve la magia (como reza el cartel del espectáculo) a la Gran Vía, con ubicación diferente, eso sí, y con algunos cambios que le han restado parte de su espectacularidad.

La nueva versión que, desde el 4 de Octubre de 2007 se podrá disfrutar en el teatro Coliseum (solo durante seis meses; estará por ver si los chicos de Stage no amplían temporada ante el éxito que se les avecina), es mucho más humilde, alejada del montaje anterior: un fastuoso (y, en ocasiones, excesivo) espectáculo más cercano a los montajes del Cirque Du Soleil, o a los shows de magos como David Copperfield, que al espíritu sencillo del mensaje que transmite la función: “la belleza se encuentra en el interior”.

Y es que parece que esta versión del musical de Alan Menken y Tim Rice, dirigida por Glenn Casale, se haya tomado al pie de la letra ese sencillo mensaje, despojándose a sí mismo de todo artificio innecesario, para presentarse, casi, desnudo, directo, sin trampas ni efectismos hipnotizantes, mostrando lo que, de verdad, se encontraba en su interior: algo bello, algo realmente bello.

Ya desde el inicio uno comienza a echar de menos el ritmo del prólogo anterior, esta vez esclavo de unas simples (y horrorosas) proyecciones en un enorme libro abierto en el escenario, que acompañan a la voz femenina de nuestra narradora. Pero pronto se deshace la estupefacción, se aleja el desencanto inicial, y se comprueba que, pese a la escenografía simple que, antaño, hubiera despertado ecos de incredulidad, se esconde una propuesta efectista, productiva y hasta hermosa.

Vestuarios y escenarios dejan de llevar la voz cantante, supeditando al elenco a su tirana visión para convertirse, en acompañamiento y excepcional complemento a una historia que, pese a ser conocida, mantiene el interés del público. No se me entienda mal, pese a ser mucho menos espectacular, esta versión de La bella y la bestia resulta tremendamente vistosa, en todos los aspectos. La sencillez de su planteamiento no implica una carencia de medios, de efectos, de colorido (ahí están las soberbias luces, por ejemplo), sino un cambio, simplemente eso, un cambio hacia una versión más humilde, más austera... y más teatral.

Si hay algo que brilla con luz propia en el escenario del teatro Coliseum (además de una de las mejores orquestas que he tenido el gusto de escuchar en un teatro español), son los actores y actrices, más libres en movimientos que en su versión anterior, mucho menos forzados ante una maquinaria que, ahora, no impone, sino que potencia las dotes artísticas de cada uno y, sobretodo, perfectamente dirigidos. Cabe destacar a Julia Moller (repitiendo el rol de Bella que desempeñara en la antigua producción), con una voz dulce y perfecta, y una interpretación digna de elogio, sobretodo en “Es hogar” o en el nuevo tema compuesto por Alan Menken, en exclusiva para Tony Braxton, “Un cambio en mi” (si Menken hubiera conocido a Julia Moller, a buen seguro lo hubiera compuesto para ella). Excepcional, también, está Armando Pita, cuyo Lumiere es capaz de llenar el escenario sin necesidad de bengalas de fuego y apariciones súbitas. Muy correctos Lorenzo Valverde (Maurice) y David Ordinas (Bestia), que demuestran la experiencia, ilusión y buen hacer de dos profesionales con amplia experiencia. Tal vez Pablo Puyol, en su papel de Gastón, sea el que más haya desentonado ante un elenco sobresaliente, sin fisuras, digno, realmente, de estar sobre el escenario (no como últimamente venía ocurriendo en algunas producciones de Stage).

Si bien es cierto que algunas escenas han empeorado con respecto a su antigua versión (“Si no puedo amarla”, “Gastón”), lo verdaderamente importante es que el total de lo ofrecido sobre el escenario, es de una gran calidad, por encima de la media del resto de espectáculos de este tipo. A uno le queda la sensación agradable de haber asistido a una representación mágica (como solo sabe hacer la factoría Disney) pero, sobretodo, de haber sido protagonista de una revisión del que ya es considerado como un clásico moderno de los musicales, sin pecar en el exceso, y haciendo acopio, junto a la excelente partitura, de buenos actores y profesionales. Todos al servicio de la magia.

Sin embargo, cabe destacar que, pese al buen resultado, la producción está claramente orientada a una más que probable gira. Y es que es una lástima pensar lo que hubiera sido este montaje, si no hubiera estado concebido para salir de viaje, pero ya se sabe que, en estas ocasiones, los intereses económicos no siempre coinciden con los del público... Magia, sí, y magia muy hermosa, plena de aciertos, perfectamente acompañada por un casting que debe ser, por pleno derecho, la envidia de toda la Gran Vía; pero magia, en definitiva, escrita con letra minúscula.

LO MEJOR:
-Julia Moller
-El resto del elenco
-La partitura
-La orquesta
-La dirección
-La magia (pese a ser en minúsculas)

LO PEOR:
-Producción ideada para salir de gira
-Algunos cambios innecesarios
-Que solo vaya a estar seis meses en cartel

CALIFICACIÓN FINAL: 4/5 IMPRESCINDIBLE

Esteban García Valdivia

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