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MAULLIDOS A LA LUZ DE LA LUNA




Crítica a Cats (Madrid-2003)


Referirse a “Cats” es, probablemente, aludir a uno de los musicales más conocidos del mundo. Incluso aquellas personas a las que ni siquiera les apasionan los musicales, han oído hablar de “Cats” alguna vez, o han escuchado alguna de sus canciones. Después de batir el récord como el musical más longevo de Londres (en su día), al fin aterrizó en la capital española la noche del 17 de diciembre de 2003, y permaneció en cartel hasta el 16 de enero de 2005. Ciertamente, es una pena que un musical que había permanecido 20 años en el West End londinense, tuviera que marcharse de Madrid tan sólo un año y un mes después de su estreno, pero parece que las circunstancias y el momento no le fueron especialmente propicios.

El elenco elegido para la adaptación madrileña del musical estaba encabezado por un grandísimo conocido de los aficionados a los musicales, el inigualable Pedro Ruy-Blas (por aquel Jean Valjean que todavía hoy se recuerda con nostalgia), que hacía el papel de Deuteronomio, el gato más viejo de la manada y padre de casi todos los demás; su actuación fue muy buena, aunque quizás le faltó en cierto modo creerse el papel, carencia que, a pesar de todo, suplía magistralmente con su voz. En el papel de Grizabella irrumpió como una tempestad Helen de Quiroga, con su voz desgarrada y trágica; muchos criticaron que tenía un timbre demasiado grave para lo que se esperaba (sobre todo, después de haber oído versiones de ‘Memory’ cantadas por Elaine Paige o Barbra Streisand), pero supo hacerse con el papel de forma espectacular, y en realidad, lo que consiguió fue personalizar esta canción tan famosa de una manera muy bella.

Quien también destacó de manera apabullante fue Enrique Sequero, en varios papeles de entre los que conviene rescatar el de Growltigger; con su impresionante poderío vocal llenaba todo el teatro él solo. Otros actores a los que merece la pena mencionar por su gran profesionalidad y su talento son Víctor Ullate (también conocido en los círculos artísticos por sus fantásticas cualidades para la danza), que presentó un Mr. Mistoffeeles inmejorable; Jack Rebaldi en el papel del protector Munkustrap, a quien se le añadía la dificultad de ser extranjero, pero que estuvo espléndido en todos sus movimientos, expresiones y canciones; Alberto Sánchez (Skimble), que con cada movimiento de su rabito felino hacía las delicias de todos los espectadores por la felicidad que transmitía; Raquel Grijalba y Hugo Riveros (Rumpleteazer y Mungojerrie), impresionantes en todos los sentidos, desde su talento vocal y actoral, hasta el trabajo acrobático que realizaban en escena. Todos los actores en general, demostraron unas capacidades miméticas sorprendentes, pues llegaba un momento en el que el espectador creía estar viendo gatos en escena y no personas vestidas de tal modo.

Por enésima vez, hablamos de una partitura de Andrew Lloyd Webber que desprende genialidad por los cuatro costados. Canciones como ‘El Canto Jélico’ (‘Jellicle Song for Jellicle Cats’), ‘Mungojerry y Rumpleteazer’ o ‘Macavity’ son algunas de las creaciones más llamativas de este musical, que, además, cuenta con algunas otras muy pegadizas, entre las que se cuentan ‘Mr. Mistoffeeles’ o ‘Rum Tum Tugger’. No podemos dejar de destacar la que es, sin lugar a dudas, la canción estrella de “Cats”: ‘Memory’, la preciosa balada que canta la gata Grizabella, la repudiada por la manada jélica. Desde el primer acorde de la música, el espectador siente por la espalda ese cosquilleo que anuncia que el vello de la nuca se va a poner de punta. Si bien la versión inglesa es la original, hay que decir que la traducción que se hizo de la mayoría de las canciones (y concretamente, de ésta) fue muy buena, y no se aprecia que las letras y la melodía chirríen al cantarlas, como ha sucedido con otros tantos musicales a lo largo de la historia.

Dado que la versión española fue una copia exacta de la vista en Londres durante 20 años, no se puede destacar ninguna peculiaridad en cuanto al vestuario y maquillaje de los gatos, ya que eran exactamente iguales (tanto que, a pesar de que cada actor tiene sus rasgos y el maquillaje intenta respetarlos es tremendamente difícil apreciar las diferencias entre todos los Rum Tum Tugger ingleses que ha habido y los españoles). Aun así, merece la pena subrayar la grandeza de todo este figurinismo, porque cada traje tenía detalles escondidos que sólo podían descubrirse viendo varias veces la obra y cada uno de los maquillajes era una verdadera obra de arte.

A pesar de que la escenografía puede parecer muy simple, ya que los cambios de escenario brillan por su ausencia, en realidad es brillante, porque el espectador en ningún momento siente la necesidad de dichos cambios. El basurero que pudo verse en Madrid era también una copia del de Londres. El detallismo era impresionante, pues cada objeto y desecho estaban reproducidos a escala, tomando el tamaño de una persona como si fuera el de un gato. Así, se podían ver platos del tamaño de los tapacubos de un tractor, botes de tomate triturado como barriles de cerveza y hasta una raspa de pescado más larga que un brazo humano. Incluso las tablas del escenario estaban forradas con pegatinas de productos desechados, lo que le daba al espectador aún más sensación de estar metido en un vertedero. El decorado contaba también con mil y un agujeros, tuberías, trampillas y balcones por los que los gatos accedían al escenario, algo que le confería una originalidad nunca vista. La única diferencia que pudo apreciarse entre las versiones de Madrid y Londres fue, quizás, la matrícula del coche que había en escena, pues las letras y números no eran los mismos (no sabemos por qué).

La orquesta, por motivos obvios, no podía aparecer en medio del escenario, y ni siquiera debajo de él (colocarla encima hubiera sido prácticamente imposible por la distribución física del teatro), así que se colocó entre bastidores. Un par de televisiones atestiguaban que el director estaba allí, dirigiendo música “no enlatada”. (Siempre) en comparación con la de Londres, era una orquesta pequeña, sin todas las posibilidades que tenía la de la capital inglesa, aunque con todo, sacaron adelante un espectáculo impresionante.

“Cats” no es un musical cualquiera. Cada mano crispada, cada deslizamiento sobre el escenario y cada nota que salía de la garganta de un gato significaban algo importante. “Cats” transmitió una magia que no muchos espectáculos habían regalado antes a la cartelera madrileña, aunque tuvo cierta mala suerte y no todo el público pareció darle la acogida que merecía, quizás por su manifiesta falta de un argumento sólido. Aun así, es una obra llena de mensajes profundos, sueños, alegría e ilusiones, que esperan, entre desechos de mil clases y a la luz de la luna, a todo aquél que quiera encontrarlos, la noche más inesperada.


LO MEJOR
- La partitura en general.
- La canción “Memory”.
- La felinidad que transmiten los actores al público.

LO PEOR
- El argumento.
- La sucesión ininterrumpida de canciones puede llegar a aburrir.

CALIFICACIÓN: 3/5 RECOMENDABLE

Esmeralda López Muñoz

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